Pepe Trivez

Se busca ILUSTRADOR… “A veces me duele…”

In a mano alzada, personal on febrero 2, 2013 at 8:12 pm

En el día de mi cumpleaños. Me hago un regalo. Un cuento, un relato, un montón de palabras… Ante el dolor de los que queremos nos sentimos desarmados, desnudos, más frágiles, incluso, que ante la muerte. Si un día tengo que explicarle a mi hijo ¿qué es el dolor? espero saber/poder contarle un cuento como éste: 

Y como no sé dibujar… ahí lo dejo. Un cuento en busca de ilustrador. Felices 40-1.

A veces me duele la cabeza. Me siento un poco atontado, torpe. No escucho bien y me molesta que te acerques y me hables.

A veces me duele la cabeza y es como si una telaraña cubriera mi cerebro. He visto un cerebro en la clase de ciencias. Es muy feo. Pero debe ser horrible cubierto por telas de araña espesas y boscosas.

Algunas veces el dolor se vuelve un foco, se concentra en un punto, sobre uno de mis ojos, justo sobre la ceja. Entonces no puedo evitar pensar en cómo se sentirá un corcho cuando tratan de arrancarlo de la botella. La misma sensación de tirón, de opresión, de violencia… eso siento en la sien cuando, a veces, me duele la cabeza…

A veces me duele la barriga. Un relámpago que atraviesa mi tripa. O un gusano que se enreda en mis intestinos (también he visto intestinos en la clase de ciencias y son aún más asquerosos que el cerebro), se retuerce y me llena de nudos, ahoga la entrada de mi estómago como si estrangulara mi panza.

A veces me duele la barriga y el dolor sube por mi garganta con el regusto agrio y amargo del vómito. Es repugnante. tengo la sensación de que mi estómago es la boca de un volcán a punto de estallar. Me arde igual que un volcán, se mueve igual que el fuego de las montañas, como si fuera el mar.

Cuando me duele la barriga solo quiero quedarme quieto, boca abajo, incluso tumbado sobre el suelo frío.

Necesito respirar muy despacio para no empezar a sudar y echarlo todo por arriba o por abajo.

A veces me duele la barriga. Y eso, siempre me hace estar de mal humor.

Hay veces en que me duelen los pies. Normalmente eso sólo ocurre cuando he caminado mucho o cuando he tendido que estar de pie mucho rato esperando a papá en la puerta de la escuela o a mamá en los pasillos de algún probador. A veces, es al revés. Pero es más raro.

A veces me duelen los pies, y a veces, incluso se me hinchan como dos lanchas de la cruz roja.

Entonces me sobran las zapatillas y hasta los calcetines. Y mamá echa vinagre en el cubo de la fregona lleno de aguan y me hace poner allí los pies. Y los siento latir como si tuviera docenas de corazoncitos enanos en cada uno de los dedos.

Me gusta sentir los pies desinflándose poco a poco en el agua. Hasta que no desaparece el dolor es como si mi cuerpo empezara en los pies y subiera hacia arriba.

No siento los pies nunca. Es como si no los tuviera. Nadie los siente ¿no? Pero cuando me duelen los pies me olvido de mis manos y hasta de mi cabeza (por supuesto de mi corazón) y solo siento los pies.

Muy pocas veces, pero también a veces… me duele el pecho.

Siempre ocurre antes o después de un catarro o una gripe.

Es como llevar a un señor muy gordo todo el día sentado encima del pecho… o como si un guardia de tráfico me detuviera permanentemente con la palma de la mano sobre el pecho, como prohibiéndome respirar con normalidad.

Pero cuando me da la tos el dolor es como cientos de agujas que se clavan en la garganta y el pecho; como si me hicieran acupuntura pero con mala leche.

Los pinchazos a veces son tan hondos que parece que me van a cortar la respiración.

Últimamente me duele en sitios extraños: me duelen los brazos, las pantorrillas y hasta el trasero.

Ando dando pasitos y me cuesta mantenerme en equilibrio. Tropiezo y entonces aparece el dolor agudo, afilado, como la punta de las tijeras que mamá siempre pone en el sitio más alto de la cocina. El dolor es entonces como una sorpresa; apoyo las manos o las rodillas, o el culo.

Y al principio… NADA. Pero en seguida… como un estallido de dentro afuera, como un petardo que explota sin luces.

Y luego, a veces, veo como se pone morada la zona afectada y es como si la sangre se quedara ahí, bajo la piel, preparada para salir.

A veces el dolor no tiene sitio, ni lugar, ni avisa… ni sabes de él hasta que es demasiado tarde.

Y a veces, me duele en un sitio que no sabría explicarte. Es el dolor más fuerte, el más triste, el más traicionero.

Cuando me dejas solo. Cuando no me miras. Cuando no hablas conmigo. Cuando no me sonríes. Cuando gritas a mi alrededor. Cuando no pides las cosas por favor. Cuando no das las gracias. Cuando estás triste. Cuando estás preocupada. Cuando estás demasiado ocupada. Cuando no tienes ganas de jugar. Cuando no ESTÁS CONMIGO… ME DUELE.

  1. Hola,me ha gustado mucho su cuento y estaría encantada de ponerme en contacto con usted para ilustrarlo. Soy ilustradora y Diseñadora gráfica. Mi blog puede mostrarle alguno de mis trabajos: mariaibeas90.blogspot.com

    Gracias por su atención

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  2. Ese cuento te llega al alma. Felicidades por mostrarlo aquí para la mayoría de mortales.:)
    Si necesitas un ilustrador aquí me tienes (si no tienes a ninguno ya).

    Mi web:

    Krop.com/migueltouche

    mi mail:

    mvrk777@hotmail.com

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  3. Me gustaría colaborar este es el link: https://www.facebook.com/aerocreador donde podrá ver trabajos realizados la pagina : Aerocrearte
    Pinura artística, publicitaria y decorativa.
    página: A 84 personas les gusta esto.

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  4. Llevo toda la vida lamentándome por no saber escribir prosa. Siempre acaba siendo poesía. Después de 12+1 años sin escribir, porque no recordaba cómo empezar, me doy cuenta de que, resulta que, la prosa puede sonar a poesía. Y este regalo/relato lo demuestra, ya sabemos que las normas nunca fueron lo mío, pero tú lo entendías.
    Gracias por ser tan buen profesor de literatura. 😉

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