Pepe Trivez

De “Merlí” a “Hit”. La segunda ola de “Al salir de clase”

In a mano alzada on septiembre 30, 2020 at 7:10 pm

El pasado lunes 21 de septiembre RTVE estrenaba, en eso que llaman Primetime, su nueva serie ambientada en las aulas. Nada más oportuno, más pertinente, en esta extraña “vuelta al cole”. Tras semanas de promoción y pases de un trailer vertiginoso y oscuro con cierta estética “gamer”, al fin llegó el primer capítulo titulado reveladoramente: “La infección”

Un colegio privado, inspirado en “modernas y humanistas” teorías pedagógicas, está al borde del desastre por las conductas vandálicas de algunos de sus alumnos más significados: el virus. La metáfora, provocadora sin duda a ojos de guionistas e intérpretes de la serie, es cuando menos desafortunada: los malos alumnos están enfermos, enfermos de violencia, enfermos de indisciplina, enfermos de todo lo que (tópico tras tópico) los jóvenes sin una férrea autoridad y normas rígidas pueden llegar a ser.

El protagonista es un “experto” en conflictos escolares, al estilo de “Hermano mayor” (ese que fue durante apenas unos días director general de juventud de la Comunidad de Madrid), con un pasado oscuro, pecados que purgar y una violencia verbal que pretende ser inspiradora. El contexto: varios coches quemados, agresiones entre alumnos, burlas y amenazas a profesores, desobediencia, conductas extremas, falsedad, violencia.. Todos (y los peores) los males del “fallido” sistema educativo español recogidos en un solo capítulo de apenas 40 minutos. El mismo actor intérprete del profesor-coach-pseudoterapeuta, Daniel Grao, confesaba que, aunque inspirados en hechos reales, los sucesos presentados en “Hit” no se daban en un solo instituto de nuestro país. Una licencia narrativa. Exigencias de la ficción. 

Cuando hace casi 25 años comencé a dar clase… otra serie adolescente irrumpía en la -por entonces tranquila- realidad escolar haciendo que nuestros alumnos se miraran en Kim, Valle y la panda. “Compañeros” (1998)  supuso la madurez de las series escolares. Un año antes le había precedido “Al salir de clase” (1997). Mis “compañeros” de profesión (mayores y jóvenes) despellejaron aquella serie en cada café y descanso de la sala de profesores. “¡Que poco conocen la realidad de las aulas! ¡Qué exageración! ¡Alumnos que se pasan mas tiempo en el pasillo que en las clases.. todo el día enamorándose, desmoronándose, confesando su homosexualidad o dejándose tentar por las drogas…! ¡Sexo fácil y fiestas constantes…! ¡Qué poco realista!” (y que cercano a lo que todos recordamos de nuestra adolescencia ¿no?). Recién estrenado como profesor de literatura les explicaba a mis alumnos las diferencias entre ficción y realidad y la necesidad de seleccionar aquellos hechos relevantes para el relato. Mis alumnos me entendían (creo). Mis compañeros no siempre, no todos.

Las series juveniles reflejan la realidad pero también la reconstruyen, la inventan, la re-crean. Es legítimo. Incluso necesario. Las ficciones sobre la escuela oscilan entre la idealización y la instrumentalización de tópicos, excepciones, casos extremos… Tal vez toda la literatura, todas las ficciones lo hagan. 

En esta última propuesta, sin embargo, TVE trata de ir más lejos y da una vuelta de tuerca a la ficción juvenil acompañándola de un debate posterior. No al estilo de aquella legendaria (y tal vez anticuada) “La Clave” sino en el más puro formato televisivo de “granhermano”, “laisladelastentaciones” o “supervivientes,eldebate”. Los jóvenes actores y actrices protagonistas de la serie, tres alumnas de instituto (excelentes, lúcidas, honestas), Manuel Vilas y María Galiana, una docente de un sindicato de profesores… y una presentadora tratando de crear polémica, de “animar” el debate, de dramatizar, criminalizar y victimizar a nuestros adolescentes y a nuestro sistema educativo. Ignorando las reflexiones valientes, honestas, esperanzadoras, llenas de confianza, empatía, vocación y fe en el ser humano y en nuestros jóvenes que el novelista de Barbastro y la actriz sevillana (ambos profesores durante un buen puñado de años), algún otro magnífico profesor invitado y, por supuesto, los alumnos invitados declaraban con muy poco eco. 

Al mismo tiempo que se produce este estreno, que se anuncia la vuelta a las parrillas televisivas de “Física o Química” y se mantiene el éxito en las televisiones de pago de series como “Élite”, Aragón Televisión programó desde abril la redifusión de “Merlí”, una serie catalana en la que un personaje “provocador y carismático” que introducía temas que afectan a los alumnos (y a los adultos) a través de la filosofía y los filósofos. Sus “peripatéticos” (sus alumnos) acaban rindiéndose a su ironía, su gran corazón, su compromiso y su implicación en los problemas reales de los adolescentes. Muchos profesores nos miramos y envidiamos las ocurrencias del personaje interpretado por Francesc Orella y quisimos ser algo parecido a un profesor “verdaderamente inspirador”.  Otro “tipo” de serie de instituto. Una ficción donde a partir de “problemas y situaciones reales” se ahondaba en el verdadero sentido de la educación, en la importancia de las relaciones humanas y en la capacidad de un docente de transformar el mundo desde su aula.

De la misma manera permítanme terminar con dos propuestas que no son “series” de televisión pero que muestran “otra mirada” hacia nuestros niños y adolescentes, hacia nuestros alumnos. Una mirada confiada, una mirada amable y llena de ternura y de verdad. Una mirada también crítica y valiente que no esconde los problema pero que tampoco los amplifica. Por un lado no puedo dejar de recordar (alguna escena de “Hit” como las sillas en círculo del gimnasio me la trajo a la memoria) la fantástica obra teatral de Nando López, “Malditos 16” (estuvo disponible en la red durante el confinamiento de forma gratuita). Una dramatización en la que unos jóvenes que han pasado por terapia “regresan” al centro donde estuvieron internados para ayudar a otros jóvenes en su misma situación: cuestiones de identidad, abuso, agresividad… y todas con el ingrediente común de haberse acercado a la realidad del suicidio. El dramaturgo Nando López conoce bien esta realidad en su condición de docente, escritor de Literatura Juvenil y voluntario en el hospital Niño Jesús de Madrid con jóvenes en tratamiento.

Y por último, la recién estrenada, “Uno para todos” dirigida por el realizador David Ilundain y protagonizada por David Verdaguer y Ana Labordeta entre otros. Una película también “basada en hechos reales” en la que un joven profesor interino llega a un pueblo desconocido para asumir una tutoría de 6º de Primaria y ha de enfrentarse a la vuelta de un alumno enfermo al aula al que todos sus compañeros rechazan. Una historia -la real y la ficción- en la que serán los alumnos y en especial “un alumno” el que enseñará muchas cosas al docente y le descubrirá que no dejar atrás a ningún alumno hace que todos avancen.

 

“Te amordido un perro” y “De nadadores y piscinas” de Manuel Moranta.

In ¿POR QUÉ LEER...?, Estoy leyendo... on agosto 9, 2020 at 7:02 pm

A medio camino entre el microrrelato y el haiku. Llevando el arte del aforismo al límite del juego, el divertimento, la reflexión profunda o el comentario leve. Haciendo de la ocurrencia (lo que se me ocurre, lo que ocurre) una invitación a (re)mirar, (re)sentir, (re) pensar, rememorar (traer a la memoria) y recordar (traer al corazón). La propuesta de Manuel Moranta no encaja en ningún género literario, no va dirigida a ninguna franja de edad, no tiene intenciones ocultas y no trata de abrirse paso a la fuerza. Es simplemente eso: una propuesta. Un libro de poemas relatados o de relatos hechos poesía. Un libro de dibujos que “ilustran” ideas (¿un álbum ilustrado?), un diccionario de mensajes arrojados al mar en una botella.

Los dos libros de “poemas visuales” o de “dibujofrases” (como las denomina el propio autor) que la editorial Trampa ha publicado con tanto cariño y cuidado (aquí la edición forma parte de la obra desde el tacto a viejo papel de carta y el diseño inmaculado de las sobrecubiertas hasta el color intenso de las guardas -rojo pasión y azul piscina- y el trazo limpio, desnudo de la caligrafía de Manuel) se descubren como un ejercicio, como un trabajo profundo (a lo hondo y a lo ancho) de selección, ordenación, construcción de sentido de un montón de ideas que parecen aparecerse a borbotones, por sorpresa o a traición.

Cada libro es a su vez, un relato.

Y el epílogo (del primero) y el prólogo (del segundo) firmados por Juan Sebastián Rodríguez Moranta son en sí mismos dos piezas de incalculable valor a medio camino entre la exégesis y la recreación del universo poético de Manuel. Sin ellos nos falta información (de la que podríamos prescindir). Con ellos ganamos los matices que esconden los hechos que inspiran, provocan, prenden estos libros.

Te amo.

Reza la sobrecubierta de su primer libro. Una afirmación tajante, rotunda, definitiva, absoluta. Y al volver la esquina -o la página-… Te amordido un perro. La anécdota, el acontecimiento, el hilo del que tirar para tejer un relato hecho de cristalitos de colores.

Un perro mordió al autor en las nalgas mientras corría (el autor y el perro hasta alcanzarle). Y la historia sirve para colocar en los cajones del ingenio las más disparatadas ocurrencias, las más hermosas reflexiones, las más sencillas palabras… animadas: MOTIVO, EXPLORACIÓN, DIAGNÓSTICO, TRATAMIENTO, ALTA… Como el mismo autor cuenta “el paciente se recuperó de la mordedura de perro y se puso a escribir y a dibujar. En ese orden”.

Y vuelta a la edición. A la caligrafía infantil y cuidada (a lo Gaite) de los dibujofrases se ofrece a pie de página, discretamente, la traducción a tres idiomas más: inglés, francés, catalán. Amplificando la idea, comparando términos, reproduciendo como una serie de espejos consecutivos la luz de las palabras.

El libro podría pasar por un Manual (cómo no acordarse del Oráculo manual y arte de prudencia del caústico Gracián), un libro de instrucciones para la vida en el que faltan pasos y sobran tornillos. Cada dibujofrase: una idea luminosa, una chispa, un chispazo. También podría pasar por un proyecto de filosofía visual para niños -y no tan niño- (también me recuerda al singular proyecto de Ellen Duthie y Daniela Martagón, Wonder Ponder) Igual que su título tienen algo de juego infantil… te amo, te amor, te amord, te amordido un perro (mi hijo de 9 años lo repite como una cantinela en cuanto descubre el secreto de la sobrecubierta). Como dice el epilogista (esta palabra merece un dibujofrase) “la palabra necesita del dibujo para completar su función comunicativa”. Y ahí aparece el trazo, la combinación de la pincelada y el boceto con la fina ironía, la observación, la disección de la realidad. Pone el autor bajo el microscopio de su mirada poética las emociones, las contradicciones, las paradojas: las casualidades y las causalidades. Construye un universo alternativo que, al tiempo, es el nuestro y nos envuelve.

Hace de lo cotidiano maravilla, convierte la anécdota en categoría. Habla de lo pequeño con inmensa ternura. En sus palabras: “Nadie nos ha enseñado a hablar de lo insignificante”. Así que hay que aprender a trompicones, a rayones y a manchas dejando que este libro y la vida sea una “plantilla para escribir torcido”.

De nada(dores y piscinas)

El prólogo (una vez más de Juan Sebastián Rodríguez) es ya una fantasía. Imaginar a lector desnudo a punto de zambullirse en una piscina. Detener el tiempo justo en el instante en que la nariz del lector va a sumergirse en el agua. Y cumple a la perfección su función y sus promesas. Una ducha fría que templa el ánimo para asomarse a los dibujofrases que rebosan en las aguas de esta piscinalibro. Revelar la sorpresa sin destripar la historia. Anunciar la presencia de lo importante. Hacer historia. El pró-logo. La palabra antes de la palabra. La palabra antes de los dibujofrases. De nuevo, el contexto. Los padres del autor construyeron una piscina junto a una casa. Un montón de niños juegan alrededor. Y Manuel encuentra ideas, objetos, pensamientos…

De nada… recuerda a la multipremiada La casa de Paco Roca. CONSTRUIR, LLENAR, AGUA, LLENAR UN POCO MENOS, REPARAR, VACIAR. Desde la factura de construcción de la piscina a fotos antiguas que recogen las risas y los destrozos del tiempo en torno a ella. Y en medio de juegos de palabras, observaciones agudas, reflexiones ingeniosas… nos ofrece escondida la infancia del autor, el territorio mágico en el que (todos) nos construimos.

“Se ofrecen servicios de mudanza de lo literal a la metáfora”

Y comienza de nuevo… mirando y escuchando (soy todo ojos, soy todo oídos). Un pequeña autobiografía. La casa es… la vida es… Juegos infantiles, recuerdos.

Y, al igual que en su anterior libro, fruto de la intención o de la voluntad del autor o del editor… Los dibujos toan color, el azul, del mar, de la piscina.

No sabría decir cuál es el tema (los temas) que flotan en la piscina de este libro. Tal vez la inocencia, la pérdida de la inocencia o tal vez lo importante que se esconde en lo cotidiano: “Decir la verdad no me interesa”.

Haciendo un uso/abuso del juego fácil y de la metáfora obvia… diría que los dibujofrases de Moranta son una invitación a “tirarse a la piscina”. Con dos manguitos en los brazos para flotar con el cielo en los ojos: el amor y el humor. Ingenio. Introspección y extrapección. Sumergirse bajo las aguas para ver mejor y sacar a la superficie lo escondido. Un ejercicio de habilidad, de brillantez intelectual, de sencillez en el que “para gritar solo hace falta apretar el pincel”.

Porque aunque -intuyo- no pretende hacer poesía y mucho menos definirla o atraparla…

Porque aunque -intuyo- no pretende tampoco dar lecciones (creo que ya ha quedado claro que el libro es muchas cosas pero no es pretencioso)…

Lo hace con la caricia del pincel mojado en pintura sobre la piel de papel.

Y así uno acaba con ganas de escribir, con caligrafía infantil y cuidada, que el sentido último, la razón de ser de las palabras, el lenguaje, los dibujofrases o la poesía es “abrazarse por escrito”

La versión de Eric. De Nando López. Premio Gran Angular 2020

In ¿POR QUÉ LEER...?, LIJ, RECOMENDACIÓN LIJ on mayo 24, 2020 at 8:15 pm

Un joven entra en una comisaría de madrugada para inculparse de un crimen. Eric tiene 20 años y ha triunfado como actor en la última serie de éxito. Todo amenaza con derrumbarse a su alrededor con esta decisión pero él permanece tranquilo. Mientras a su alrededor, su representante, la  policía y una mediática abogada tratan de ordenar y dar sentido a los acontecimientos en su interior Eric nos va contando (se va contando) su versión. Los momentos, las razones, las casualidades, los hechos que le han llevado hasta esta madrugada en la que su vida parece acabarse. O tal vez, recomenzar. 

Eric es un joven trans. También ha sido y es un niño (joven ahora) con altas capacidades. Su biografía, sus recuerdos, las ausencias y las heridas, las decisiones y sus consecuencias han estado inevitablemente unidas a quien es. 

Y sin embargo, esta no es una novela sobre la identidad. O mejor no lo es sobre el tópico, el cliché, la reducción de las personas trans a su “proceso de cambio”: el morbo y la compasión paternalista a partes iguales, la tolerancia (cómo si hubiera algo que tolerar). No es una novela para “explicar” nada, ni para “justificar” nada. 

Más bien es una novela sobre la necesidad de “poner nombre” de “ponerse nombre”. La fuerza de las palabras, su poder transformador, conformador de la realidad. La necesidad de encontrar “el verdadero nombre de las cosas”, esfuerzo que no cambia la realidad pero sí la hace asumible, abarcable, asimilable. 

De toda historia hay diferentes versiones. La realidad es caleidoscópica y la mirada que la observa transforma lo ocurrido, lo vivido, lo sentido. Por eso en esta novela los personajes viven su propia evolución, la aceptación (o no) de su pasado, el dolor, el rencor, el miedo… de maneras diferentes. Cada una, única e intransferible. Como todo lo auténtico. 

Los personajes de Nando son siempre auténticos: personajes “encarnados”. Son algo (mucho) más que una construcción necesaria para el relato. Son seres autónomos que van dando forma a su propia voz a la largo de novela. Personajes inspirados, habitados, por historias reales en las que el dolor y la luz, la euforia y la pasión, la irrefrenable, la arrolladora fuerza de la vida se impone siempre, con honestidad, sin trampas.

La novela es un thriller. Un thriller juvenil intimista (la denominación es del propio Nando). Y por eso nos atrapa, nos lleva y nos trae, nos envuelve en un vertiginoso recorrido que incluye (más bien se constituye de) saltos al pasado necesarios porque el pasado nos explica, nos construye, nos hace ser lo que somos. La narración mantiene en todo momento la tensión necesaria. Es rápida e intensa. Se acelera por momentos mientras mantiene ocultas algunas claves necesarias para entender lo ocurrido. Juega con el tiempo. Un tiempo que se alarga en la espera de una sala de espera en comisaría, que se precipita en el instante justo de un accidente, un arrebato, un impulso. Y además encara otros temas como el éxito, el triunfo y el fracaso. La banalidad de las relaciones y su hondura. La necesidad de afecto. El sentido de amistad. La aceptación y el rechazo. La diferencia y el acoso. La venganza. No elude siquiera (porque forma parte de la trama y porque forma parte de la realidad adolescente) la sensación de vacío, el sinsentido de la vida, el impulso de dejarse ir y quitarse la vida. Todo ello contado desde las entrañas. A frases cortas y contundentes. Erráticas a veces. Sinceras siempre. Todo ello contado desde la mirada de un joven que trata de hacer lo correcto, de asumir sus actos, su pasado y, sobre todo, de encajar cada pieza y seguir viviendo.

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