Pepe Trivez

“En las redes del miedo” de Nando López

In ¿POR QUÉ LEER...?, LIJ, RECOMENDACIÓN LIJ on mayo 9, 2019 at 1:37 pm

La versión corta: Un grupo de jóvenes en su último año de instituto. Dos vidas que se cruzan en las redes y fuera de ellas. Dos mundos comunicados por hagstag y clics. La vida “real” fuera y dentro de la Red. La incapacidad de comunicarse. El aislamiento, la soledad. Dos jóvenes que cargan con una tragedia a sus espaldas y que tratan de vencer a sus fantasmas, de superar sus miedos… Un incendio. Dos víctimas (o tal vez muchas más). Un montón de preguntas y una noche por delante.

La versión “extendida”: En las redes del miedo es una novela compleja: una red de referencias, canciones, temas, obsesiones, emociones, intuiciones y preplejidades tejida en torno a la vida de un puñado de adolescentes cualquiera. Un puñado de jóvenes que cargan ya con una mochila emocional pesada, sucia, desordenada. Un puñado de jóvenes que empiezan a vivir sin olvidar que YA han vivido, que YA están viviendo.

La vida entre paréntesis. La adolescencia como ese período de la vida en el que cuenta tanto lo que se dice como lo que no se dice. Lo que queda entre paréntesis. Lo que se esconde entre líneas. La adolescencia como ese período de la vida que se construye en los vacíos que deja el tiempo, los estudios, los tópicos y los prejuicios. La adolescencia como ese momento que nos construye, nos determina, nos delimita.

La novela reconstruye la noche en que Laia y sus amigos recorren las calles de su barrio en busca de de Joel y Dani. Un incendio en su instituto ha disparado todas las alarmas, la búsqueda de sus amigos se convierte en el motor de una historia que avanza en vías paralelas. Un viaje en la noche… Una noche para corregir lo incorregible. Una noche para expiar los pecados. Una noche para encontrar la verdad. Como Max Estrella y Don Latino en Luces de Bohemia.

Las referencias literarias son una clave (y una llave y una puerta) en la novela. El guardián entre el centeno. Por el camino de Swann. Sallinger y Proust. Pero también otras menos “canónicas” y quizá subconsciente o simplemente casuales: Me recordó al clásico de la literatura del maestro Sierra i Fabra Campos de fresas: Un grupo de adolescentes buscando al camello que ha vendido una pastilla de extasis que ha dejado en coma a su amiga mientras ella se debate entre la vida y la muerte. Y por supuesto la búsqueda del héroe. Telémaco (citado en la novela), Ulises tratando de “volver a casa”… El padre ausente (el de Dani) o peor aún el padre derribado del pedestal, de la idealización infantil (de Joel)…

La música juega un papel protagonista también. Vetusta Morla, Muse, … La música como lenguaje, como código, como lugar de encuentro. Mensajes en una botella que los protagonistas arrojan a un mar virtual esperando que caigan en las “redes” adecuadas (y deseadas).

La literatura de Nando es militante, civitante. Una literatura que toma partido. No siempre fue así en la Literatura Juvenil. Y quizá en algunas de sus novelas su “beligerancia” llamara la atención (¡qué falta hacía y hace que llame la atención! ¡qué necesario que algún día no sea necesario!). Ahora está integrada, forma parte de la construcción de personajes, de su mirada sobre el mundo, de su denuncia serena pero firme de lo que no está bien, de lo que aún no está bien.

Trabajo en un cole desde hace 20 años y conozco Laia, a Joel, a Iris y Mikel y Nelson. A Bea y Dani. A Aaron. Son personajes “reales” porque representan historias reales… Y nos cuestionan y nos interpelan y nos recuerdan que no todo fue siempre fácil, que sigue sin serlo.

Y conozco los miedos. Las redes del miedo. La red de mentiras “que justificamos con buenas intenciones -para no preocupar, para no hacer daño, para no causar males mayores…- y que, en realidad, lo único que han conseguido es aislarnos”.

Nando escarba en las sombras, en el lado oscuro de sus personajes -intuyo que también en el suyo propio-. Sin juzgarlos. Con una mirada desprejuiciada pero incisiva. Queriendo saber. Buscando entender. Con la reverencia y el respeto de quien se sabe testigo de algo íntimo, frágil, auténtico: el alma de los adolescentes.

Y lo hace sin ocultar nada, sin evitar lo que nos incomoda, lo que nos duele, afrontando el sufrimiento, la violencia, el drama que a veces envuelve a los jóvenes: “Un Columbine. Un asesinato como el de aquel tío que se cargó a su padre reventándole la cabeza con una máquina de escribir. O un tiroteo tan atroz como el de Florida”… Un guiño a La edad de la Ira… La ficción y la realidad cruzándose sin hacer distinciones.

En las redes del miedo es un tratado de emociones, de miedos, de secretos, de angustia y de silencios. Pero también de amistad, de esperanza, de ganas de seguir adelante, de certezas (conquistadas a golpes a veces), de comienzos y de oportunidades… Sin clichés, sin tópicos, sin simplificaciones, sin atajos.

En palabras de Laia. “No existen. No hay atajos. Y si los hay, no llevan a ningún lugar que merezca la pena.”.

No corras. De compentencia lectora. Begoña Oro

In Declaración de intenciones, LIJ, REFLEXIÓN LIJ on abril 27, 2019 at 11:32 am

“La gente corre tanto

porque no sabe a donde va

El sabe a donde va, va despacio

para paladear el ir llegando.” Gloria Fuertes citada por Begoña Oro

 

De competencia lectora, de postit, de libros que ATAÑEN, de amor por la literatura, de encuentros, de reflexión, de escritoras y lectores…

Me consta que Begoña Oro preparó esta charla con mucho mimo (y muchos quebraderos de cabeza y muchas vueltas y revueltas)… El resultado merece la pena. Escondidas tras las fotos (algunas las vemos y otras no), tras las palabras, las anécdotas y la lectura “literal” están TODAS las pistas para una reflexión profunda, necesaria, desprejuiciada, creativa, valiente y oportuna (y me quedo corto con los adjetivos) acerca de la COMPETENCIA LECTORA.

 

“Rialto, 11” de Belén Rubiano

In ¿POR QUÉ LEER...?, DLD, Estoy leyendo... on abril 24, 2019 at 6:37 pm

Hoy he “prestado” en la Biblioteca Rialto,11 por segunda vez. Lo he regalado dos veces también. Puede que se convierta en mi particular “Ken Follet” (nada que ver).

Autoficción, autobiografía lectora, falsa biografía o vida novelada. Qué más da. A este libro le sobran las etiquetas. Y a este lector le faltan los adjetivos para calificarlo. Divertido, incisivo, tierno, optimista, ácido, lúcido, esdrújulo… No conozco personalmente -ni virtualmente siquiera- a Belén Rubiano. Escuché por azar en la radio la génesis de esta novela. Escuché a la escritora con su “voz de radio” y me fui de cabeza a mi librería de cabecera para comprar esta “falsa novela”. La leí como el que toma vermout o vinos o cañas con amigos. La leí como si fuera una larga sobremesa apoyado en la barra de un bar o una tarde perezosa husmeando en los pasillos de una biblioteca, o de una librería.

Rialto, 11 es la historia de una librería. Y de su librera. Una historia contada a brochazos a veces y con tiralíneas otras. Una historia detenida en el detalle y atenta al dibujo final de una vida dedicada (entregada, atravesada, atrapada, enganchada) a los libros. Belén Rubiano abrió hace unos años una librería en Sevilla, en la plaza que todos llaman Rialto (aunque no se llamé así, así la conocen los vecinos), en el número 11. Y también tuvo que cerrarla -como tantas otras aventuras bibliófilas de las últimas décadas cercada por la realidad y los números, por las ventas selectivas que dan mucha satisfacción pero poca rentabilidad.

Rialto, 11 es una historia de amor. O de amistad profunda y duradera. Una amistad elegida, provocada, inevitable y voraz. Una amistad que une a su autora con las lecturas que la hicieron lectora primero, librera más tarde, crítica luego y escritora al fin. Una amistad honesta y real. De las que se dicen las verdades a la cara y se callan las ofensas para protegerse.

Lectores habituales, escritores, periodistas, comerciales, editores, rateros de libros, adolescentes, universitarios, profesores, hidalgos andaluces y señoras y criadas… Lectores casuales, eventuales, espúreos. Lectores afines, aliados, diversos. La librería de Belén se convirtió en su refugio, en su fortaleza. Y también en su balcón, en su ventana asomada a la vida propia y a las ajenas. Su pizarra en la puerta, una cita cada día… la primera red social de una librería en este país. Sus opiniones sobre libros, su particular relación con ellos, su juicio certero y sin escondites… construyen un relato, una voz, que se va haciendo familiar, necesaria, cotidiana. Al pasar de las páginas uno siente que, en parte, ha visitado Rialto, 11, ha paseado los ojos por sus estanterías hechas a medida, ha deslizado los dedos por las novedades y ha descubierto en el orden imperfecto los secretos que la librera esconde a la vista de todos.

Rialto,11 no solo es un libro que lleva a otros libros -que también-. Rialto, 11 es un libro que acerca a los amantes de los libros, que crea comunidad, que comparte confidencia, que revela incertidumbre y que alimenta las anécdotas que construyen la amistad con los libros.

No sabría hacer una reseña al uso de este libro. Más bien me sale hacerme eco, convertirlo en rumor, en cotilleo, en historia compartida. Me sale acercarme periódicamente a cualquier librería de esas que se defienden aún y comprarlo de nuevo. Y regalarlo. Y prestarlo. Ampliar el círculo y la tertulia.

Mi compañera de trabajos bibliotecarios -la segunda persona a la que le recomendé el libro- me escribió un mensaje en instagram: “Yo quiero tener una amiga como Belén Rubiano”. Pues eso. Y yo me puse a “seguirla” por instagram (a la autora no a mi amiga) por si le da por abrir de nuevo una librería.

MARIA M.MIGUEZ

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