Pepe Trivez

El infinito en un junco. Una invitación a la lectura y al amor (a los libros), y no solo.

In ¿POR QUÉ LEER...?, DLD, Estoy leyendo... on octubre 18, 2019 at 5:39 pm

¿Qué decir cuando Luis A. de Cuenca o Antón Castro ya han glosado los temas, la trama, la materia y el alma de este “libro de libros”?

Acercarse y abrir las páginas de El infinito en un junco no es hacer una “lectura”. Es una experiencia de esas que transforman, que dan forma a las propias ideas atravesando prejuicios, ignorancia y clichés.

La Biblioteca de Alejandría, la Villa de los Papiros, las pasadizos de almacenaje de libros en el señorial Oxford, la orgullosa Atenas, las primeras librerías públicas… son los escenarios por los que discurre este inclasificable libro que a través de calzadas, trochas, desvíos, excursos, encrucijadas y márgenes… re-construye la historia del LIBRO en nuestra civilización.

Una historia del libro en el mundo antiguo reza parte del subtítulo de este híbrido: una historia del libro, de las bibliotecas, de la lectura y de la escritura, una historia de la educación y de la pedagogía, una historia de amor al cabo, de amor al libro, a la palabra, a la literatura y el conocimiento.

Y también un ejercicio de memoria. En el sentido etimológico más latino de la palabra: re-cordar (re-cordis), volver a pasar por el corazón: lo aprendido, lo vivido, lo reflexionado, con pausa y hondura y lo intuido, con lucidez y atrevimiento.

Anécdotas engarzadas con intuiciones hondas y reflexiones de largo alcance. Como en el título de uno de sus capítulos la autora se convierte en “tejedora de historias”, en artesana de las palabras y del relato, conectando lo antiguo y lo nuevo, revelando nuevas conexiones, estableciendo lazos, colocando espejos, provocando reflejos y luces, relámpagos y hogueras que ofrecen una nueva “lectura” de los acontecimientos. Su propia lectura del mundo marcada para siempre por un profundo conocimiento e inmersión (literal, casi física) en el mundo antiguo constituye el material esencial de este ensayo libérrimo, irreverente e irreductible (como los famosos galos).

La obra recoge una documentada investigación acerca de la aparición del libro en nuestra cultura, de su importancia, de sus vicisitudes, de sus avatares y vaivenes. También de su importancia, de su presencia y relevancia en los momentos determinantes de la Historia Universal, que es también nuestra historia.

Pero también contiene: hallazgos felices, filológicos y agudos como: “la tolerancia tiene conjugación irregular: yo me indigno, tú eres susceptible, él es dogmático…”; Curiosidades como quién y cómo inventó el bolígrafo, cuándo se apareció el género “gore” (mucho antes de lo que imaginamos), en qué personaje histórico se inspiró Indiana Jones, historias de “libros asesinos”… Historias deliciosas y una mirada tierna y crítica a un tiempo, como en la explicación acerca del cliché macilento y amargado de la bibliotecaria alentado por el cine y la literatura tantas veces. Un conocimiento enciclopédico, anecdótico y digresivo a veces, minucioso y científico en otros fragmentos… Un conocimiento que uno no se cansa de contemplar, sorprendido y estimulado, sintiendo como despierta la curiosidad, las ganas de saber, la necesidad de comprender que se ha ido adormeciendo desde la infancia.

Irene Vallejo, humilde y contundente, de lengua afilada y amable presta su voz a los poetas más reconocidos y más anónimos de la Antigüedad y de la historia de la literatura. Homero, Marcial, Joyce, Heródoto, Safo, Frankl, Tolstoi, Eco, Tito Livio, Goethe o Séneca… Sulpicia, Safo, María de Zayas, Dickinson y las “casi borradas”: Corina, Telesila, Mirtis, Praxila, Eumetis, Beo, Erina, Nóside, Mero, Ánite, Mosquina, Hédila, Filina, Melino, Cecilia Trebula, Julia Balbila, Damo Teosebia… Todas ellas se encarnan, se hacen carne, en las palabras de Irene que las recuerda, las sitúa, las ilumina, les devuelve el foco que nunca les debió ser apartado…

En definitiva El infinito en un junco no es una disertación o un monólogo sino una larga conversación… que uno desearía que no acabara nunca. Es más la historia íntima de lo infinito (la infinita curiosidad, el infinito misterio, las infinitas preguntas, el infinito amor por las palabras, la infinita capacidad de transformación de los libros…) que la de pergaminos, papiros, cálamos y juncos.

Lilo de Inés Garland. Premio Ala Delta 2019

In LIJ, RECOMENDACIÓN LIJ on julio 1, 2019 at 1:24 pm

De niños y de perros. Dicen que el maestro del suspense Alfred Hitchcock dejo dicho aquello de: “No hagas nunca una película con perros ni con niños ni con Charles Laughton”. Supongo que es un “lugar común” como otro cualquiera. Y estoy seguro de que no afecta a la literatura.

En esta novela infantil, ganadora del XXX Premio Ala Delta de Edelvives la autora argentina Inés Garland hace caso omiso al director británico y plantea una historia en la que la “mirada” (el olfato, mejor) de un perro (Lilo) es capaz de ver más allá que los humanos que rodean a su pequeña dueña Emi que anda sufriendo y que ni “aullando” sería capaz de expresar su dolor.

Lilo es un perro ovejero alemán, mestizo, abandonado y recogido. Un perro con complejo de patitas cortas que se oculta ante la perrita Muriel para no quedar avergonzado. Pero Lilo es también un perro con un gran olfato y con un gran… corazón. El olor a levadura y a limón que se desprende de la niña Emi le hace embarcarse en una aventura para “sanarla”, para hacerla oler a chocolate y felicidad. 

Los perros huelen el miedo, y la tristeza. Los perros ladran y enseñan los dientes cuando tienen miedo. Los perros “sienten” y gracias a sus sentidos ven lo que los humanos no vemos. Los niños lloran encerrados en su cuarto, encerrados en su silencio cuando el dolor llega a través de las pantallas anónimas y crueles. “El miedo tiene olor a levadura. Los perros lo sabemos. El miedo te hace sentir que lo que te da miedo es enorme y vos sos chiquito, y la manera de no sentirte chiquito es enfadarte mucho, porque enfadado pareces más grande”.

Lilo convencerá a sus amigos Lio, Armando y sobre todo Olivertwist para investigar quién está detrás de los mensajes del telefonito que tanto hacen sufrir a Emi. Quién y por qué. Una galería de personajes, caninos y humanos que nos roban el corazón y nos mantienen en vilo hasta el final de la novela:

Olivertwist un perro callejero abandonado tras la muerte de su dueño, un bibliotecario enamorado de una legendaria aviadora. Olivertwist… un perro sueltado. “Suelto, solo, huérfano, separado, carente, desprovisto de dueño, de dueña, de novia, de mujer o hijos. Soltero. Libre. Libre como… Libre como… Libre como…”. El perro de un bibliotecario. 

Y la gata Berenice (como la de la poeta Olga Orozco), una gata celosa y traicionera que se dejara seducir por los versos y que al final será capaz de colaborar, incluso, con los perros…

Y los abuelos de Emi. Ava y Héctor. Dos persona(je)s que te encogen el alma, que te rozan el espíritu y te hacen sentir la ternura y el amor incondicional, torpe, auténtico, real de aquellos que nos quieren, que sufren cuando sufrimos y que sin embargo esperan… que están ahí… Con su amor, con su presencia… Ava con su voz… “Una voz que te envuelve como una manta en invierno y te da calor, y te dan ganas de que te siga hablando porque es como una cama blandita, un rincón tibio donde hacerte un ovillo y dormirte porque sabes que nunca vas a correr peligro mientras esa voz esté cerca.” Héctor con su mesura… “El abuelo Héctor es contagioso. Como él es concentrado y tranquilo, los que se acercan se contagian. También cuenta unos cuentos muy buenos que no se terminan nunca”.

Y en el otro lado una niña distinta, una niña que llora la pérdida de su madre y la ausencia de su padre. Kai. Una chica que sufre mucho, y hace daño a Emi… una chica que “…es un misterio. Sufre mucho. Es oscura tenebrosa, lóbrega, sombría, tormentosa, huracanada”.

Perros que huelen el miedo. Niños que viven, crecen, sienten, sufren, se arrepienten, ríen… junto a sus abuelos. Una historia de niños, perros y abuelos.  Una historia sencilla y hermosa. Donde las palabras (y los olores) esconden aprendizajes y belleza. Donde se mira al dolor de frente y se buscan salidas… donde los niños y las niñas descubrirán que… “-Es horrible estar enfadada. -Estar triste también.”

PD: Aunque están “fuera de concurso”… las ilustraciones de Maite Mutuberria… iluminan el texto. A dos tintas la mayor parte de ellas… salpican de color y de luz (de lucidez más bien) la historia de Inés Garland. Crean metáforas (las sombras del parque, las mariposas que escapan de un vestido, las grietas de una pared), ponen voz, dan aroma a las palabras que ya de por sí estaban llenas de magia… Un acierto, sin duda.

Joao. De Paloma González Rubio. Premio Alandar 2019

In ¿POR QUÉ LEER...?, LIJ, RECOMENDACIÓN LIJ on julio 1, 2019 at 11:43 am

Una novela del mar, reza la contraportada del XIX Premio Alandar de Novela Juvenil Edelvives. Una novela DE mar, diría yo. Y discúlpenme el “matiz”. Una novela de mar, de sal, de viento y de olas. Una novela donde el lenguaje del mar nos hace cambiar el foco, des-enfocarnos, cambiar la mirada, cambiar la perspectiva: “…él hablaba el lenguaje del mar, un lenguaje muy distinto del que usamos los que vivimos en tierra firme. Si el lenguaje de la tierra y el mar son distintos es porque las realidades también lo son y cada cosa, tanto en el mar como en la tierra, debe tener un nombre preciso”.

Joao es un joven que vive al margen. Embarcado solo con su madre recorre el mundo navegando de mar en mar, de océano en océano… sin apenas pisar tierra firme. La casualidad, el azar, la tempestad y el mar… le hace coincidir con Miguel, un pre-adolescente que vive en un pueblo costero con su madre y su hermana Inés. Los tres jóvenes aprenden a mirar al otro con sorpresa y curiosidad, con admiración. Cada uno de ellos habrá de lidiar con las emociones que despiertan los otros. El amor, la amistad, el sentido de la vida.  

Una historia “con los pies en el suelo”. Una historia de “tierra firme”. Una historia que no esconde, ni evita, ni “utiliza” la realidad. Simplemente la expone, la presenta. Mujeres valientes que no necesitan un hombre a su lado. Mujeres de tierra y de mar. Mujeres reales, con dudas, con contradicciones, con hijos… Mujeres-madre y mujeres libres. Mujeres fuertes que son referente para sus hijos, que son capaces de dejarles ir, de estar sin estar, de acompañar…

Una novela de aprendizaje con sabor a sal, con sabor a viento y a libertad. 

Una historia de amor sin edulcorar. Hormonas, deseo, deslumbramiento. Y luego conexión, complicidad, compromiso… El amor adolescente de Inés y Joao huye del mito del amor romántico y que deja entrever la tensión entre ser-uno-mismo y aceptar la voluntad del otro “por amor”. Un amor adolescente mucho más maduro que el de los adultos. Un amor transformador, inspirador, que es capaz de tocar lo profundo y dar un golpe de timón a las vidas de sus protagonistas.

Y por encima de todo una novela DE mar. Una novela que ofrece a través del lenguaje de mar una cartografía de las emociones, una brújula con la que navegar entre dos aguas, entre la tierra y el mar.

Una novela que habla del destino, de la “ruta”, de la derrota: “-Mira, si te fijas, la estle dibuja exactamente nuestra derrota. (…) es la ruta prevista de navegación, que debe ser la más corta entre el punto de partida y el de destino, lo que excluye ir haciendo eses”. De la necesidad de un orden, un equilibrio, un ancla… un son, el son de mar En tu casa, el suelo no se mueve. Si olvidas poner algo en su sitio, estás segura de que lo encontrarás donde lo dejaste, pero en el mar no es así. Cada cosa fuera de su lugar es un peligro en potencia. (…) La vida a bordo exige una disciplina de orden muy dura”. Y de la dificultad de vivir sin ello …los marineros lo llaman mal de tierra. Tan pronto pones los pies sobre algo firme, tu cuerpo no se acostumbra a la inmovilidad. Todo en él espera tener que hacer esfuerzos por mantener el equilibro (…) El mal de tierra solo se cura en el mar”.

De lo importante de tener un rumbo y de que seas tú mismo el que lo marque: “-¿Sabes lo que significa “arrumbar” en náutica, (…)? Significa establecer el rumbo de navegación. Creo que Joao acaba de arrumbar el suyo y le va a dar igual lo que nosotros le digamos. Pero tú no dejes que te arrumben”. De la sencillez y de lo que nos impide avanzar:  “…en el mar no es posible sobrevivir con lastre. Hay que dejar atrás todo lo innecesario”. Y de la importancia de aprender a navegar “-Mira, todos los veleros han rizado velas. (…) Me explicó que era reducir su superficie para controlar el avance, para no exponerse tanto al viento cuando este soplaba con demasiado fuerza”.

Una larga metáfora que nos acuna, como el mar. Una alegoría que nos despierta la mirada a lo que no se ve, a lo que está más allá, a lo que está al margen y nos cuestiona nuestra propia seguridad de “tierra adentro”.

MARIA M.MIGUEZ

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