Pepe Trivez

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La versión de Eric. De Nando López. Premio Gran Angular 2020

In ¿POR QUÉ LEER...?, LIJ, RECOMENDACIÓN LIJ on mayo 24, 2020 at 8:15 pm

Un joven entra en una comisaría de madrugada para inculparse de un crimen. Eric tiene 20 años y ha triunfado como actor en la última serie de éxito. Todo amenaza con derrumbarse a su alrededor con esta decisión pero él permanece tranquilo. Mientras a su alrededor, su representante, la  policía y una mediática abogada tratan de ordenar y dar sentido a los acontecimientos en su interior Eric nos va contando (se va contando) su versión. Los momentos, las razones, las casualidades, los hechos que le han llevado hasta esta madrugada en la que su vida parece acabarse. O tal vez, recomenzar. 

Eric es un joven trans. También ha sido y es un niño (joven ahora) con altas capacidades. Su biografía, sus recuerdos, las ausencias y las heridas, las decisiones y sus consecuencias han estado inevitablemente unidas a quien es. 

Y sin embargo, esta no es una novela sobre la identidad. O mejor no lo es sobre el tópico, el cliché, la reducción de las personas trans a su “proceso de cambio”: el morbo y la compasión paternalista a partes iguales, la tolerancia (cómo si hubiera algo que tolerar). No es una novela para “explicar” nada, ni para “justificar” nada. 

Más bien es una novela sobre la necesidad de “poner nombre” de “ponerse nombre”. La fuerza de las palabras, su poder transformador, conformador de la realidad. La necesidad de encontrar “el verdadero nombre de las cosas”, esfuerzo que no cambia la realidad pero sí la hace asumible, abarcable, asimilable. 

De toda historia hay diferentes versiones. La realidad es caleidoscópica y la mirada que la observa transforma lo ocurrido, lo vivido, lo sentido. Por eso en esta novela los personajes viven su propia evolución, la aceptación (o no) de su pasado, el dolor, el rencor, el miedo… de maneras diferentes. Cada una, única e intransferible. Como todo lo auténtico. 

Los personajes de Nando son siempre auténticos: personajes “encarnados”. Son algo (mucho) más que una construcción necesaria para el relato. Son seres autónomos que van dando forma a su propia voz a la largo de novela. Personajes inspirados, habitados, por historias reales en las que el dolor y la luz, la euforia y la pasión, la irrefrenable, la arrolladora fuerza de la vida se impone siempre, con honestidad, sin trampas.

La novela es un thriller. Un thriller juvenil intimista (la denominación es del propio Nando). Y por eso nos atrapa, nos lleva y nos trae, nos envuelve en un vertiginoso recorrido que incluye (más bien se constituye de) saltos al pasado necesarios porque el pasado nos explica, nos construye, nos hace ser lo que somos. La narración mantiene en todo momento la tensión necesaria. Es rápida e intensa. Se acelera por momentos mientras mantiene ocultas algunas claves necesarias para entender lo ocurrido. Juega con el tiempo. Un tiempo que se alarga en la espera de una sala de espera en comisaría, que se precipita en el instante justo de un accidente, un arrebato, un impulso. Y además encara otros temas como el éxito, el triunfo y el fracaso. La banalidad de las relaciones y su hondura. La necesidad de afecto. El sentido de amistad. La aceptación y el rechazo. La diferencia y el acoso. La venganza. No elude siquiera (porque forma parte de la trama y porque forma parte de la realidad adolescente) la sensación de vacío, el sinsentido de la vida, el impulso de dejarse ir y quitarse la vida. Todo ello contado desde las entrañas. A frases cortas y contundentes. Erráticas a veces. Sinceras siempre. Todo ello contado desde la mirada de un joven que trata de hacer lo correcto, de asumir sus actos, su pasado y, sobre todo, de encajar cada pieza y seguir viviendo.

Cuentos por email. Pepe Serrano. “El hipnotizador de zapatos”

In ¿POR QUÉ LEER...?, Estoy leyendo..., LIJ, RECOMENDACIÓN LIJ on abril 27, 2020 at 6:18 pm

Es la primera vez que escribo una reseña de un libro que aún no está publicado. Y, por supuesto, es la primera vez que escribo una reseña de un libro que no está terminado. Pero las circunstancias y la ocasión lo merecen ¡vaya si lo merecen! 

Conocí a Pepe Serrano hablando de su abuelo y de narices… Presentando un libro junto al ilustrador David Guirao en la librería París. Hoy todo eso me produce nostalgia. Una librería, dos autores, un montón de niños y mucha, mucha literatura. Pepe me deslumbró desde el primer momento: por su sentido del humor, por su verbo fácil (que de fácil no tiene nada), por su cadencia en el recitado (¿o era lectura o era una narración?) de cualquier cosa, por hacer que los niños (y los no que no lo somos) nos quedemos literalmente colgados de sus palabras, esperando la siguiente ocurrencia, el siguiente giro, el próximo juego, la última pirueta… Porque así habla (y escribe) Pepe Serrano: como un trapecista, como un malabarista… manteniendo en el aire las palabras muy muy arriba hasta que, cuando parece que se van a caer… acaban de nuevo en sus manos (en nuestros oídos, en nuestros corazones) y nos brota el aplauso y las ganas de pedir “otra, otra, otra”

Pues eso y más es lo que van a encontrar en estos “Cuentos por e-mail”. El proyecto, como tantos, nacido del confinamiento y de la necesidad de mantener a sus alumnos (Pepe es maestro por si no había quedado claro) “enganchados” a la literatura, a las palabras, a la belleza… es también un homenaje al pedagogo, al maestro, al modelo que fue y es Gianni Rodari. Cuando a Pepe Serrano le dé por poner por escrito sus ideas sobre la educación la identificación con Rodari se habrá completado y ya será imposible hablar del uno sin el otro. La imaginación, la fantasía, el respeto reverencial por el niño, el reconocimiento a la inteligencia de los más pequeños, la capacidad de seguir él mismo siendo uno de ellos, de disfrutar del juego (el de palabras, sobre todo) con la convicción de que “esa” es la forma natural de aprender… todo eso ya lo tiene. 

Y para muestra un botón: “El hipnotizador de zapatos”. A mí me ha llegado por wasap. Pero también han hablado de él en el periódico de mi pueblo. Ustedes pueden escucharlo aquí con el permiso (y con la voz) del propio autor. A un montón de niños les habrá llegado por e-mail.

Una genialidad. Un cuento que huele a los hermanos Grimm, que sabe a Andersen y que tiene todos los colores de los mejores cuentos latinoamericanos. En lugar de un zapatero que vive solo y apartado un “hipnotizador de zapatos” que también “Vivía solo (…) muy solo (…) solísimo”… Una descripción que es una genialidad… (otra más)… Da igual si era calvo o si le gustaban los garbanzos, da igual si su color preferido era el azul… “Lo demás da igual… y qué si… y qué… a quién le importa… Lo importante es que hipnotizaba zapatos”. De refilón, de puntillas, a contratiempo e incluso a traición… la imagen del “hipnotizador de zapatos” se nos ha quedado grabada en la mente igual que su curiosa marca de nacimiento.

Enumeraciones necesarias, cadenciosas, musicales, concatenaciones que encierran juegos de palabras, malabares (“poseía es don… dónde va a parar”), frases inconclusas, elipsis maravillosas, frases hechas (y deshechas), rimas internas (zapatos de novia blancos, inmaculados, de tacón, en una caja, blanca, inmaculada, de cartón) y un sinfín (un sincomienzo diría Pepe) de recursos que hacen de cada frase una fiesta, de cada idea un destello como los fuegos artificiales que cuando ya crees que no pueden ser más sorprendentes se abren, se despliegan y te vuelven a dejar boquiabierto. 

Y sigue el cuento (porque lo que cuenta es el cuento): “Zapatos de todo tipo y condición…  zuecos, botas, botines, botones… ¿botones? No ¡botones, no! Los ponía en trance a todos… los del número 42 se le resistían un poco “en especial los del pie izquierdo pues son los más rebeldes e incrédulos”.  Porque Pepe Serrano no se conforma con el ingenio y la sorpresa, porque sus juegos de palabras llevan dentro una semilla, o una bomba, o una punta de lanza, o una mecha… que encienden las ideas, los pensamientos, las reflexiones, las preguntas que, al cabo, es algo mucho mejor que las respuestas.

Una novia que no sabe bailar el vals, un sonámbulo que quiere que sus zapatillas le devuelvan  a la cama, un montón de chavales que quieren ser ases del fútbol gracias a sus botas… “siempre acudía alguien a pedir su ayuda… pero cuando conseguían su objetivo, se marchaban y él volvía a quedarse solo, muy solo, solísimo…” Y aquí el cuento te arranca una lágrima o dos. Porque en el cuento, como en la vida, hay momentos tristes, muy tristes, tristísimos. 

Y llega el giro final. Con naturalidad, con destreza, como un espadachín de película antigua. Sin trucos, sin trampa ni cartón. Porque igual que llega la tristeza… viene la alegría, igual que un día está oscuro al siguiente brilla el sol…igual.. nuestro zapatero-hipnotizador… observaba por la ventana “cómo caía la noche, cómo subía la luna y acariciaba los cordones de sus zapatillas”.

Hasta que un día:

“Se hipnotizó a sí mismo y se dijo: eres listo, eres educado, eres valiente y eres ingenioso…”

Y se dejó barba, y ya no vive solo. Y se mudó a un primero. Y no importa si les parece inverosímil o si hubieran preferido un final “abierto” y posmoderno, o dramático y amargo, o tétrico y oscuro. El caso es que al protagonista de este cuento NO le tocó la lotería pero aprendió a decirse, a nombrarse, a quererse…

Y lo demás… DA IGUAL.

Lilo de Inés Garland. Premio Ala Delta 2019

In LIJ, RECOMENDACIÓN LIJ on julio 1, 2019 at 1:24 pm

De niños y de perros. Dicen que el maestro del suspense Alfred Hitchcock dejo dicho aquello de: “No hagas nunca una película con perros ni con niños ni con Charles Laughton”. Supongo que es un “lugar común” como otro cualquiera. Y estoy seguro de que no afecta a la literatura.

En esta novela infantil, ganadora del XXX Premio Ala Delta de Edelvives la autora argentina Inés Garland hace caso omiso al director británico y plantea una historia en la que la “mirada” (el olfato, mejor) de un perro (Lilo) es capaz de ver más allá que los humanos que rodean a su pequeña dueña Emi que anda sufriendo y que ni “aullando” sería capaz de expresar su dolor.

Lilo es un perro ovejero alemán, mestizo, abandonado y recogido. Un perro con complejo de patitas cortas que se oculta ante la perrita Muriel para no quedar avergonzado. Pero Lilo es también un perro con un gran olfato y con un gran… corazón. El olor a levadura y a limón que se desprende de la niña Emi le hace embarcarse en una aventura para “sanarla”, para hacerla oler a chocolate y felicidad. 

Los perros huelen el miedo, y la tristeza. Los perros ladran y enseñan los dientes cuando tienen miedo. Los perros “sienten” y gracias a sus sentidos ven lo que los humanos no vemos. Los niños lloran encerrados en su cuarto, encerrados en su silencio cuando el dolor llega a través de las pantallas anónimas y crueles. “El miedo tiene olor a levadura. Los perros lo sabemos. El miedo te hace sentir que lo que te da miedo es enorme y vos sos chiquito, y la manera de no sentirte chiquito es enfadarte mucho, porque enfadado pareces más grande”.

Lilo convencerá a sus amigos Lio, Armando y sobre todo Olivertwist para investigar quién está detrás de los mensajes del telefonito que tanto hacen sufrir a Emi. Quién y por qué. Una galería de personajes, caninos y humanos que nos roban el corazón y nos mantienen en vilo hasta el final de la novela:

Olivertwist un perro callejero abandonado tras la muerte de su dueño, un bibliotecario enamorado de una legendaria aviadora. Olivertwist… un perro sueltado. “Suelto, solo, huérfano, separado, carente, desprovisto de dueño, de dueña, de novia, de mujer o hijos. Soltero. Libre. Libre como… Libre como… Libre como…”. El perro de un bibliotecario. 

Y la gata Berenice (como la de la poeta Olga Orozco), una gata celosa y traicionera que se dejara seducir por los versos y que al final será capaz de colaborar, incluso, con los perros…

Y los abuelos de Emi. Ava y Héctor. Dos persona(je)s que te encogen el alma, que te rozan el espíritu y te hacen sentir la ternura y el amor incondicional, torpe, auténtico, real de aquellos que nos quieren, que sufren cuando sufrimos y que sin embargo esperan… que están ahí… Con su amor, con su presencia… Ava con su voz… “Una voz que te envuelve como una manta en invierno y te da calor, y te dan ganas de que te siga hablando porque es como una cama blandita, un rincón tibio donde hacerte un ovillo y dormirte porque sabes que nunca vas a correr peligro mientras esa voz esté cerca.” Héctor con su mesura… “El abuelo Héctor es contagioso. Como él es concentrado y tranquilo, los que se acercan se contagian. También cuenta unos cuentos muy buenos que no se terminan nunca”.

Y en el otro lado una niña distinta, una niña que llora la pérdida de su madre y la ausencia de su padre. Kai. Una chica que sufre mucho, y hace daño a Emi… una chica que “…es un misterio. Sufre mucho. Es oscura tenebrosa, lóbrega, sombría, tormentosa, huracanada”.

Perros que huelen el miedo. Niños que viven, crecen, sienten, sufren, se arrepienten, ríen… junto a sus abuelos. Una historia de niños, perros y abuelos.  Una historia sencilla y hermosa. Donde las palabras (y los olores) esconden aprendizajes y belleza. Donde se mira al dolor de frente y se buscan salidas… donde los niños y las niñas descubrirán que… “-Es horrible estar enfadada. -Estar triste también.”

PD: Aunque están “fuera de concurso”… las ilustraciones de Maite Mutuberria… iluminan el texto. A dos tintas la mayor parte de ellas… salpican de color y de luz (de lucidez más bien) la historia de Inés Garland. Crean metáforas (las sombras del parque, las mariposas que escapan de un vestido, las grietas de una pared), ponen voz, dan aroma a las palabras que ya de por sí estaban llenas de magia… Un acierto, sin duda.

Joao. De Paloma González Rubio. Premio Alandar 2019

In ¿POR QUÉ LEER...?, LIJ, RECOMENDACIÓN LIJ on julio 1, 2019 at 11:43 am

Una novela del mar, reza la contraportada del XIX Premio Alandar de Novela Juvenil Edelvives. Una novela DE mar, diría yo. Y discúlpenme el “matiz”. Una novela de mar, de sal, de viento y de olas. Una novela donde el lenguaje del mar nos hace cambiar el foco, des-enfocarnos, cambiar la mirada, cambiar la perspectiva: “…él hablaba el lenguaje del mar, un lenguaje muy distinto del que usamos los que vivimos en tierra firme. Si el lenguaje de la tierra y el mar son distintos es porque las realidades también lo son y cada cosa, tanto en el mar como en la tierra, debe tener un nombre preciso”.

Joao es un joven que vive al margen. Embarcado solo con su madre recorre el mundo navegando de mar en mar, de océano en océano… sin apenas pisar tierra firme. La casualidad, el azar, la tempestad y el mar… le hace coincidir con Miguel, un pre-adolescente que vive en un pueblo costero con su madre y su hermana Inés. Los tres jóvenes aprenden a mirar al otro con sorpresa y curiosidad, con admiración. Cada uno de ellos habrá de lidiar con las emociones que despiertan los otros. El amor, la amistad, el sentido de la vida.  

Una historia “con los pies en el suelo”. Una historia de “tierra firme”. Una historia que no esconde, ni evita, ni “utiliza” la realidad. Simplemente la expone, la presenta. Mujeres valientes que no necesitan un hombre a su lado. Mujeres de tierra y de mar. Mujeres reales, con dudas, con contradicciones, con hijos… Mujeres-madre y mujeres libres. Mujeres fuertes que son referente para sus hijos, que son capaces de dejarles ir, de estar sin estar, de acompañar…

Una novela de aprendizaje con sabor a sal, con sabor a viento y a libertad. 

Una historia de amor sin edulcorar. Hormonas, deseo, deslumbramiento. Y luego conexión, complicidad, compromiso… El amor adolescente de Inés y Joao huye del mito del amor romántico y que deja entrever la tensión entre ser-uno-mismo y aceptar la voluntad del otro “por amor”. Un amor adolescente mucho más maduro que el de los adultos. Un amor transformador, inspirador, que es capaz de tocar lo profundo y dar un golpe de timón a las vidas de sus protagonistas.

Y por encima de todo una novela DE mar. Una novela que ofrece a través del lenguaje de mar una cartografía de las emociones, una brújula con la que navegar entre dos aguas, entre la tierra y el mar.

Una novela que habla del destino, de la “ruta”, de la derrota: “-Mira, si te fijas, la estle dibuja exactamente nuestra derrota. (…) es la ruta prevista de navegación, que debe ser la más corta entre el punto de partida y el de destino, lo que excluye ir haciendo eses”. De la necesidad de un orden, un equilibrio, un ancla… un son, el son de mar En tu casa, el suelo no se mueve. Si olvidas poner algo en su sitio, estás segura de que lo encontrarás donde lo dejaste, pero en el mar no es así. Cada cosa fuera de su lugar es un peligro en potencia. (…) La vida a bordo exige una disciplina de orden muy dura”. Y de la dificultad de vivir sin ello …los marineros lo llaman mal de tierra. Tan pronto pones los pies sobre algo firme, tu cuerpo no se acostumbra a la inmovilidad. Todo en él espera tener que hacer esfuerzos por mantener el equilibro (…) El mal de tierra solo se cura en el mar”.

De lo importante de tener un rumbo y de que seas tú mismo el que lo marque: “-¿Sabes lo que significa “arrumbar” en náutica, (…)? Significa establecer el rumbo de navegación. Creo que Joao acaba de arrumbar el suyo y le va a dar igual lo que nosotros le digamos. Pero tú no dejes que te arrumben”. De la sencillez y de lo que nos impide avanzar:  “…en el mar no es posible sobrevivir con lastre. Hay que dejar atrás todo lo innecesario”. Y de la importancia de aprender a navegar “-Mira, todos los veleros han rizado velas. (…) Me explicó que era reducir su superficie para controlar el avance, para no exponerse tanto al viento cuando este soplaba con demasiado fuerza”.

Una larga metáfora que nos acuna, como el mar. Una alegoría que nos despierta la mirada a lo que no se ve, a lo que está más allá, a lo que está al margen y nos cuestiona nuestra propia seguridad de “tierra adentro”.

“En las redes del miedo” de Nando López

In ¿POR QUÉ LEER...?, LIJ, RECOMENDACIÓN LIJ on mayo 9, 2019 at 1:37 pm

La versión corta: Un grupo de jóvenes en su último año de instituto. Dos vidas que se cruzan en las redes y fuera de ellas. Dos mundos comunicados por hagstag y clics. La vida “real” fuera y dentro de la Red. La incapacidad de comunicarse. El aislamiento, la soledad. Dos jóvenes que cargan con una tragedia a sus espaldas y que tratan de vencer a sus fantasmas, de superar sus miedos… Un incendio. Dos víctimas (o tal vez muchas más). Un montón de preguntas y una noche por delante.

La versión “extendida”: En las redes del miedo es una novela compleja: una red de referencias, canciones, temas, obsesiones, emociones, intuiciones y preplejidades tejida en torno a la vida de un puñado de adolescentes cualquiera. Un puñado de jóvenes que cargan ya con una mochila emocional pesada, sucia, desordenada. Un puñado de jóvenes que empiezan a vivir sin olvidar que YA han vivido, que YA están viviendo.

La vida entre paréntesis. La adolescencia como ese período de la vida en el que cuenta tanto lo que se dice como lo que no se dice. Lo que queda entre paréntesis. Lo que se esconde entre líneas. La adolescencia como ese período de la vida que se construye en los vacíos que deja el tiempo, los estudios, los tópicos y los prejuicios. La adolescencia como ese momento que nos construye, nos determina, nos delimita.

La novela reconstruye la noche en que Laia y sus amigos recorren las calles de su barrio en busca de de Joel y Dani. Un incendio en su instituto ha disparado todas las alarmas, la búsqueda de sus amigos se convierte en el motor de una historia que avanza en vías paralelas. Un viaje en la noche… Una noche para corregir lo incorregible. Una noche para expiar los pecados. Una noche para encontrar la verdad. Como Max Estrella y Don Latino en Luces de Bohemia.

Las referencias literarias son una clave (y una llave y una puerta) en la novela. El guardián entre el centeno. Por el camino de Swann. Sallinger y Proust. Pero también otras menos “canónicas” y quizá subconsciente o simplemente casuales: Me recordó al clásico de la literatura del maestro Sierra i Fabra Campos de fresas: Un grupo de adolescentes buscando al camello que ha vendido una pastilla de extasis que ha dejado en coma a su amiga mientras ella se debate entre la vida y la muerte. Y por supuesto la búsqueda del héroe. Telémaco (citado en la novela), Ulises tratando de “volver a casa”… El padre ausente (el de Dani) o peor aún el padre derribado del pedestal, de la idealización infantil (de Joel)…

La música juega un papel protagonista también. Vetusta Morla, Muse, … La música como lenguaje, como código, como lugar de encuentro. Mensajes en una botella que los protagonistas arrojan a un mar virtual esperando que caigan en las “redes” adecuadas (y deseadas).

La literatura de Nando es militante, civitante. Una literatura que toma partido. No siempre fue así en la Literatura Juvenil. Y quizá en algunas de sus novelas su “beligerancia” llamara la atención (¡qué falta hacía y hace que llame la atención! ¡qué necesario que algún día no sea necesario!). Ahora está integrada, forma parte de la construcción de personajes, de su mirada sobre el mundo, de su denuncia serena pero firme de lo que no está bien, de lo que aún no está bien.

Trabajo en un cole desde hace 20 años y conozco Laia, a Joel, a Iris y Mikel y Nelson. A Bea y Dani. A Aaron. Son personajes “reales” porque representan historias reales… Y nos cuestionan y nos interpelan y nos recuerdan que no todo fue siempre fácil, que sigue sin serlo.

Y conozco los miedos. Las redes del miedo. La red de mentiras “que justificamos con buenas intenciones -para no preocupar, para no hacer daño, para no causar males mayores…- y que, en realidad, lo único que han conseguido es aislarnos”.

Nando escarba en las sombras, en el lado oscuro de sus personajes -intuyo que también en el suyo propio-. Sin juzgarlos. Con una mirada desprejuiciada pero incisiva. Queriendo saber. Buscando entender. Con la reverencia y el respeto de quien se sabe testigo de algo íntimo, frágil, auténtico: el alma de los adolescentes.

Y lo hace sin ocultar nada, sin evitar lo que nos incomoda, lo que nos duele, afrontando el sufrimiento, la violencia, el drama que a veces envuelve a los jóvenes: “Un Columbine. Un asesinato como el de aquel tío que se cargó a su padre reventándole la cabeza con una máquina de escribir. O un tiroteo tan atroz como el de Florida”… Un guiño a La edad de la Ira… La ficción y la realidad cruzándose sin hacer distinciones.

En las redes del miedo es un tratado de emociones, de miedos, de secretos, de angustia y de silencios. Pero también de amistad, de esperanza, de ganas de seguir adelante, de certezas (conquistadas a golpes a veces), de comienzos y de oportunidades… Sin clichés, sin tópicos, sin simplificaciones, sin atajos.

En palabras de Laia. “No existen. No hay atajos. Y si los hay, no llevan a ningún lugar que merezca la pena.”.

No corras. De compentencia lectora. Begoña Oro

In Declaración de intenciones, LIJ, REFLEXIÓN LIJ on abril 27, 2019 at 11:32 am

“La gente corre tanto

porque no sabe a donde va

El sabe a donde va, va despacio

para paladear el ir llegando.” Gloria Fuertes citada por Begoña Oro

 

De competencia lectora, de postit, de libros que ATAÑEN, de amor por la literatura, de encuentros, de reflexión, de escritoras y lectores…

Me consta que Begoña Oro preparó esta charla con mucho mimo (y muchos quebraderos de cabeza y muchas vueltas y revueltas)… El resultado merece la pena. Escondidas tras las fotos (algunas las vemos y otras no), tras las palabras, las anécdotas y la lectura “literal” están TODAS las pistas para una reflexión profunda, necesaria, desprejuiciada, creativa, valiente y oportuna (y me quedo corto con los adjetivos) acerca de la COMPETENCIA LECTORA.

 

Mira Hamlet. De Barbro Lindgren y Anna Hôglund

In ¿POR QUÉ LEER...?, LIJ, RECOMENDACIÓN LIJ on marzo 15, 2019 at 11:10 am

Mira Hamlet. Hamlet no contento. Mamá Hamlet mala. Papá Hamlet muerto.

La tragedia por excelencia reducida a lo esencial. Shakespeare despojado del verso (y la prosa). El drama expresado en una sucesión de oraciones nominales. Cuatro verbos (no es una frase hecha, son cuatro las formas verbales conjugadas en la excelente traducción de Carmen Montes). La soledad, el amor, la venganza, la locura, la maldad, el destino… todo eso cabe en 30 páginas de apenas 20 x 15 cm. Un álbum ilustrado de bolsillo. Literatura de guerrilla. Un asalto a las emociones y a los sentimientos más profundos del ser humano. Un asalto libérrimo e irreverente.

Como si fuera la voz de un niño que apenas ha aprehendido las palabras como objeto y vehículo, como si un pequeño de 2 o 3 años tratara de explicarnos con infinita paciencia el porqué de las reacciones humanas “tan de los mayores”… La voz del narrador nos arroja las palabras con resolución y desparpajo. La autora, Barbro Lingrend (galardonada al principio de su carrera con el Astrid Lindgren) nos ofrece y nos propone una lectura destilada y concentrada del relato shakesperiano: espadas, fantasmas, zumo envenenado…

Las ilustraciones de Anna Hoglund forman un encaje perfecto con el descarado relato de su compatriota Lingrend. Hamlet, un conejo con las orejas caídas, su eterno traje de príncipe -o su traje de príncipe eterno- y la pequeña corona amarilla brillante que acabará (como todas las coronas, como un símbolo, como una premonición) rodando por el suelo… Su padrastro, un ratón taimado y astuto que colabora con la familia de Ofelia “zorros” ambiciosos y sin escrúpulos… Como en una fábula moderna los animales encarnan valores más allá de las palabras o las acciones… Enmarcadas en fondo blanco las ilustraciones acompañan el texto como si fueran poco a poco componiendo un auca o las palabras fueran cartelas que acompañan pequeños cuadros en un museo…

Hamlet ahora loco (…) Ofelia loca también (…) zas.

No se puede decir más con menos. Este álbum representa todo lo que queremos decir cuando hablamos de una obra “sugerente”. Sugiere, invita, provoca, hace guiños traviesos, nos arranca sonrisas -incluso carcajadas- y alguna punzada de nostalgia, nos turba y nos perturba… Puede que alguien desconfíe de la propuesta. No es libro para cobardes ni se deja manipular fácilmente. Pero si se acerca uno sin prejuicios le dura en la boca horas, días… como el sabor del zumo de naranja.

Bibliotecas IQEA

In Declaración de intenciones, LIJ, REFLEXIÓN LIJ on marzo 12, 2019 at 11:13 am

Una reflexión acerca de la función y el diseño de Bibliotecas Escolares. Pepe Trivez. Bibliotecario escolar

¡He tenido una idea! ¡He tenido una re-velación! Ese pasillo, ese almacén, ese cuarto de material que ya no se usa… Con unas estanterías BILLIET, una cómoda STAJÖO, unos cojines CAMELINGK, y unos cuantos tableros FRIÖLENT… ¡Vayamos a IQEA! ¡Hagamos una Biblioteca!

 Algo se mueve en el mundo de la educación. Quizá se mueven muchas cosas. Quizá demasiadas… Gurús, nuevas metodologías, viejas rencillas, resquemores, enfrentamientos irreconciliables, bancos, ideologías, padres, profesores… Demasiados intereses, demasiados objetivos, demasiados estándares, criterios (¿criterios?), secuencias y proyectos…

 La “innovación”, el tsunami de las nuevas tecnologías, la mercadotecnia y la publicidad han llegado también a la lectura y las bibliotecas (escolares y a las otras).

      En mis muchas visitas a escuelas para hablar de la importancia de la biblioteca escolar me he encontrado siempre con maestros, equipos directivos y AMPAS que “compran” sin pensárselo la importancia de los Planes de Lectura, del Proyecto Lector de Centro y de la Biblioteca Escolar. ¡¿Cómo no hacerlo!? Ahora bien, cuando llega la hora de “aterrizar” en recursos, en diseño, en programación, en personal… la prioridad y la urgencia desaparece.

      Constato con más resignación que preocupación que la LECTURA y el acceso a la INFORMACIÓN no son una prioridad en los proyectos educativos de los centros que conozco.

      Por otro lado, se hace también presente la falta de reflexión profunda (con hondas raíces pedagógicas, ideológicas, educativas al cabo) en muchas actuaciones y proyectos emprendidos con más buena voluntad que convicción (aunque, sin duda, a veces se confundan ambas). Los equipos directivos, la inspección, las direcciones generales de innovación, los docentes incluso, acometen (acometemos) proyectos guiados muchas veces por la última moda, el último artículo, el último hilo de tuiter o la última buena práctica premiada por el banco humanista o la consejería de turno…

     Los profesores y los educadores (como el resto de la población y, por supuesto, como nuestros alumnos) leemos cada vez más fragmentariamente. Artículos, resúmenes, reseñas, reflexiones -como esta misma- que muestran apenas un aspecto de alguna realidad, que construyen teorías a partir de la intuición, de colecciones de buenas prácticas y de buenas intenciones… Charlas TED, vídeoblogs, reportajes a todo color en las revistas de educación que muestran nuevos espacios coloridos, tecnológicos y multifuncionales. Y mientras tanto seguimos sin reflexionar acerca de lo IMPORTANTE… abrumados, como siempre, por lo urgente.

     Y así llegamos a la moda de las bibliotecas IQEA. Que algo se mueve en el mundo educativo se constata con un poquito que uno esté al día de lo publicado y lo aplicado en nuestra escuela. Que en la Biblioteca Escolar ese movimiento está activo y en plena ebullición se puede comprobar siguiendo el trabajo de los asesores de la Consejería de Educación de Galicia, los proyectos de la Fundació Boffil en Barcelona, la red de Bibliotecas Escolares de Catalunya o los BECREA de Andalucía. Los encuentros, las sesiones de formación, la introducción del Plan Lector en los currículos oficiales y en la “agenda” (que no en el “presupuesto”) de casi todas las consejerías de educación y del propio ministerio… son señales inequívocas de que “algo se mueve”.

    Ahora bien este movimiento, apasionado y apasionante, corre el serio peligro de diluirse en la marea de innovación irreflexiva y superficial que también llega a las costas de nuestras escuelas.

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Solo tres segundos. De Paula Bombara

In ¿POR QUÉ LEER...?, LIJ, RECOMENDACIÓN LIJ on enero 14, 2019 at 1:45 pm

Paula Bombara es una gran autora argentina de Literatura infantil y juvenil. Premios como el “Barco de Vapor”, la inclusión de algunas de sus obras en la prestigiosa lista White Ravens y su trabajo desde 2003 como directora de la colección “¿Querés saber? de divulgación científica para niños… son una más que buena carta de presentación. Autora de un buen puñado de novelas, artículos, cuentos y un blog que mantiene repleto de curiosidad y literatura… ella misma describe su “pasión por la buena literatura” en una entrevista en el blog Editadoenlij:

“Me molestan los libros bellísimos que cuentan historias mediocres (…) Me molestan las historias que podrían ser más profundas y no lo son. Me molestan los abusos a ciertas palabras, los diminutivos, las malas traducciones, los argots que ocultan significados en lugar de facilitarlos. Me molestan porque siento que no se respeta al destinatario del libro, que se está subvalorando su capacidad de análisis y de observación” (¡olé! -la interjección es mía-).

Solo tres segundos es una novela juvenil desacomplejada y honesta. Intencionadamente lírica y exigente con el lector, no escamotea ningún tema, ninguna emoción, ningún sentimiento adolescente por banal o intrascendente, por escabroso o profundo, por ambiguo o por hondo, por trascendente o incómodo…

Un muchacho al que expulsan de su colegio “de siempre” por no rendir en los exámenes… Un muchacho, Nicolás, al que se le cae el mundo encima con apenas 17 años porque “su mundo” se tambalea, se transforma, amenaza con perderse… Nuevos y viejos amigos, nuevos y viejos amores, descubrir el miedo, el deseo, la fidelidad, la amistad, el orgullo… Sentir que “pasan cosas” cuando te miran los ojos adecuados. Intuir que hay mucho más bajo las miradas, en los silencios, en las poses… En definitiva… ser adolescente. Y sufrir por ello, y sentirse el centro de un universo sin sentido tantas veces…

Solo tres segundos es una instantánea. Una fotografía del tiempo detenido y convulso de los 17. Pero también es una sonda de profundidad. A mitad de novela, se quiebra. En solo “tres segundos” la vida, cualquier vida, se rompe, estalla en pedazos, revienta las costuras y se derrama por el suelo. En solo tres segundos la juventud que amenaza y nos seduce, que nos llena de nostalgia… se disuelve, desparece, creces. Y se enfrenta uno -sin comprender aún- con la vida.

No explicaré más de la trama de esta novela corta. No es necesario. Sí les diré que está llena de verdad, de sensibilidad, de fina y sutil ternura y de ironía, de una mirada a los jóvenes “desde” los jóvenes, cargada de esperanza y realismo.

Una lectura para recordar que nunca dejamos de ser un adolescente asustado por el primer día de clase o sorprendida ante la mirada de un chico que, por fin, la ve tal y como es.

Una novela para celebrar la vida, sus posibilidades, su fragilidad, y hasta sus dolores.

“Sweet Sixteen” de Annelise Heurtier

In ¿POR QUÉ LEER...?, LIJ, RECOMENDACIÓN LIJ on noviembre 26, 2018 at 7:11 pm

“Los dulces 16” son una celebración norteamericana en la que los jóvenes (las jóvenes mejor dicho) escenificaban en los años 50 y 60 el paso de la adolescencia a la madurez.

Dos jóvenes, Molly y Gracie sueñan con ese día y ponen en él todas sus esperanzas de un feliz futuro adolescente aún: amigas, familia, un apuesto joven y un gran pastel…

Dos jóvenes de dos mundos que conviven sin conocerse, que comparten edad, sueños y miedos… en una civilización (la norteamericana de los 50) que mantiene alejados sus mundos bajo la máxima: “separados pero iguales”. Una sociedad que aún sostiene sin pudor la idea de que… “juntar niños blancos y negros en las mismas escuelas conducirá al mestizaje, el mestizaje a los matrimonios mixtos, y los matrimonios mixtos a la degeneración de la raza humana”.

En este contexto un grupo de 9 niños de color desafía la cultura segregacionista y la violencia matriculándose por primera vez en un instituto solo para blancos en el más profundo sur de Arkansas. Los 9 de Little Rock son los pioneros de un movimiento que acabó por romper los prejuicios y que pudo al fin ver a un afroamericano ocupar la Casablanca y ser elegido presidente de EEUU. Los 9 estuvieron presentes en la investidura invitados por Barak Obama.

Estos 9 adolescentes sufrieron insultos, agresiones, amenazas y ataques y el ejército tuvo que protegerlos durante el curso escolar que pasaron en el prestigioso instituto.

Molly y Grace (personajes ficticios inspirados en personas reales) representan dos miradas sobre aquellos acontecimientos que cambiaron el curso de la historia. Molly, la chica negra dispuesta a soportar el vacío, el odio, el maltrato, la violencia y la injusticia con tal de reivindicar la dignidad y la igualdad que los tribunales ya habían reconocido a todos los seres humanos. Grace, la chica blanca que acepta el estado de las cosas y que solo en el contacto con el diferente es capaz de cuestionar sus prejuicios y aceptar que tal vez las cosas no han sido como debían ser…

Una novela que cuestiona los prejuicios y una lectura de la realidad “aparentemente” racional que producía solo dolor y humillación. Una novela que nos invita a asomarnos a los oscuros ojos de quienes defienden “civilizadamente” la injusticia y la supremacía de unos seres humanos sobre otros. Una novela más necesaria hoy que nunca.

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MARIA M.MIGUEZ

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