Pepe Trivez

Archive for the ‘Estoy leyendo…’ Category

POR QUÉ LEER “Nuestra casa en un árbol” de Lea Vélez

In ¿POR QUÉ LEER...?, Estoy leyendo... on mayo 24, 2017 at 8:58 am

Descubrí a Lea Vélez en El jardín de la memoria. Una mujer, una escritora, una esposa, una madre. Me costaba y me cuesta distinguir entre todas ellas. No creo que sea necesario. La belleza, el humor, la sana distancia y la calidad cercanía con la que la narradora de aquella novela se enfrentaba al dolor y la muerte, a la pérdida, a la condenada soledad, a la perplejidad que produce la vida… me hizo reír, llorar y creer. Creer en la vida, con la vida, desde la vida. Porque es así. La vida sigue.

Y por eso Nuestra casa en el árbol trae un nuevo narrador con una misma intención: poner la vida encima de la mesa, destapar los recuerdos y conjurar los miedos. Y mirar con una sonrisa el futuro. Y el presente.

Nuestra casa en el árbol es un proyecto, una novela, mejor: es una mirada. Una mirada fascinada, fascinante, lúcida, divertida, apasionada y libre… sobre lo mejor de nosotros mismos, sobre nuestra infancia, la que nunca perdemos.

Una novela que hay que leer…

  • Porque nos devuelve el Paraíso perdido, nos arroja con dulzura el reino de la infancia. Nos regala una mirada inocente, nueva, renovada.
  • Porque le da voz a los niños. Porque deja que los niños sean simplemente eso, niños. Sin expectativas, sin condicionantes, sin prejuicios. Pero con pasado, con heridas, con dolor y perplejidad ante lo que ocurre. Niños reales con vidas reales.
  • Porque es una novela larga, extensa, de ritmo lento. Amplía el tiempo y la lectura… Se demora y se posa en el alma como la niebla
  • Porque nos recuerda que la “belleza ayuda a ser feliz. Por supuesto, todo tiene su lado malo, todo. La casa de tus sueños no existe sin las facturas de tus pesadillas, pero cuando uno se niño no hay facturas.”

“Nuestra casa en un árbol” de Lea Vélez

In Estoy leyendo... on mayo 24, 2017 at 8:53 am

Se acerca el verano y ya huele a mar, perezosas sobremesas y tiempo de risas. El verano huele a descanso y a infancia. Es el tiempo de las pausas, de los sueños, de los juegos. El tiempo de las bicicletas y de los amigos. El tiempo de la fantasía.

Y un poco antes, en primavera, Lea Vélez nos presenta esta novela que cuenta cómo una madre decide construir una casa en un árbol para conjurar los fantasmas, para ofrecer a sus hijos un trampolín para soñar, para compartir con ellos la esperanza y el futuro.

Un canto a la infancia. Una celebración de la vida. Una reflexión sobre la educación. Una exaltación de la vida feliz, una fiesta de optimismo y una reivindicación del poder de la libertad como motor…

Todo eso y mucho más se ha dicho (¡y lo que se dirá) de este libro de Lea Vélez. Y todo eso es cierto. Pero el libro es más. Mucho más. Este libro es una novela, una gran novela. En primer lugar porque parte de una gran historia, porque hereda el tono de su anterior novela El jardín de la memoria, porque bebe del mismo sentido del humor, de la misma pasión por la vida, de la misma fe en que desde la ficción se puede contar la realidad con mucha más honestidad, sin el pudor y los prejuicios de la biografía, el libro de memorias y el ensayo. En segundo lugar porque construye unos personajes complejos, hondos, tiernos, incoherentes “incompletos, pero perfectos”.

Lea Vélez es madre, viuda, guionista, novelista, bloguera. Tiene dos hijos “calificados” de “altas capacidades” con quienes disfruta (y nos hace disfrutar) y sufre (por la incomprensión de los otros) a partes iguales. Con el permiso de la madre le diré a la escritora que los hijos adultos son el mejor hallazgo de este libro. Los personajes-niños son mágicos, ingeniosos, luminosos, sorprendentes, tiernos, valientes, reales. Pero los hijos-adultos son ficción, distancia, hondura, reflexión será, gratitud, equilibrio. La mirada que Michael (el narrador) derrama sobre sus hermanos, su madre, su infancia, sus dramas y sus juegos, su orfandad, es delicada y honesta. No pretende explicarnos nada y, tal vez por eso, nos cuenta casi todo. El relato avanza despacio, con cuidado, mezclando recuerdos, diarios, reflexiones y diálogos… Con dudas a veces. Es un relato que, afortunadamente, sí deja lugar a dudas… y eso lo hace único. Lee el resto de esta entrada »

POR QUÉ LEER “No hay amor en la muerte” de Martín Garzo

In ¿POR QUÉ LEER...?, Estoy leyendo... on marzo 20, 2017 at 3:54 pm

Una novela que hay que leer…

  • Porque nos enfrenta a lo más profundo de nuestros sentimientos. Porque se recrea en la ternura, el temor, la admiración, la dulzura y el dolor que se entrelazan en la relación de un padre y un hijo.
  • Porque es pura vida. Porque en la historia sagrada, adaptada o no, recreada o revivida se encierra siempre la esencia de la vida, la pasión por el ser humano y su inmensa pequeñez.
  • Porque la novela se hace salmo. Porque es un canto del hombre sorprendido ante el Misterio, asombrado, atrapado, atado como el cordero en el sacrificio pero atraído por la increíble dulzura de la misericordia del padre.
  • Porque necesitamos poesía. Palabras hermosas que nos acaricien el alma, que no escondan el dolor pero que no renuncien a la vida. Porque no hay amor en la muerte pero sabemos que hay más, mucho más.

 

“No hay amor en la muerte” de Martín Garzo

In Estoy leyendo... on marzo 20, 2017 at 3:46 pm

Hace ya más de 20 años Martín Garzo fue galardonado con el Premio Nacional de Narrativa por El lenguaje de las fuentes una obra en la que recreaba la relación de una Virgen María nada convencional y un José cansado y abrumado por el contacto con la trascendencia que pone su vida boca abajo una y otra vez.
En este 2017 el autor vallisoletano ha recuperado el lenguaje (lírico, mágico y hondo) y el universo bíblico de aquella obra para reflexionar acerca de dos de los “universales” de la literatura: el amor y la muerte. Eros y Tánatos. No enfrentados sino confrontados. A partir de uno de los pasajes bíblicos más “duros” y difícilmente comprensibles desde la lógica humana, el sacrificio de Isaac por parte de su padre Abraham, se derraman en palabras las emociones más profundas del amor paternal, el misterio de la fe y la pasión irrefrenable por la vida de los protagonistas de la historia sagrada, que es, al fin y al cabo, nuestra historia. Lee el resto de esta entrada »

POR QUÉ LEER Patria de Fernando Aramburu

In ¿POR QUÉ LEER...?, Estoy leyendo... on febrero 12, 2017 at 5:24 pm

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Con todo y por todo Patria es una novela inevitable, irrenunciable y necesaria que hay que leer…

  • Porque es imprescindible hacer memoria. Porque el recuerdo nos construye y nos reconstruye en medio de las ruinas del dolor.
  • Porque ha llegado el tiempo de restañar heridas. No con olvido. Sino con valentía y honradez, mirando a los ojos de las víctimas y reconociendo el daño causado sin concesiones, sin peros ni discursos.
  • Porque es un testimonio de la fuerza de la vida. La irrefrenable fuerza de la vida que surge a pesar del odio y del terror. Porque a pesar de todo la vida se impone y el pasado debe servir para iluminar el presente y hacer posible el futuro.
  • Porque entre todos debemos aprender a quedar en paz. Porque nadie es capaz de vivir plenamente sin encontrar la paz. Y porque al final son bienaventurados los que construyen la paz. Sin condiciones.

PATRIA: La épica del dolor y del perdón

In Estoy leyendo... on febrero 9, 2017 at 5:21 pm

portada-patriaEl día que ETA anuncia que deja de matar Bittori toma la decisión de volver a su pueblo, a su casa, a la casa familiar que compartió con el Txato hasta el día en que la violencia y el odio lo arrancaron de su lado. Parece mentira pero la presencia de la víctima en el pueblo trastoca la vida de sus antiguos vecinos, cómplices silenciosos, actores, colaboradores necesarios muchos, en la red de odio tejida en torno a su familia. Especialmente la vida de Miren, años atrás amiga íntima de Bittori y madre de Joxe Mari un terrorista encarcelado que es objeto de las sospechas más dolorosas de Bittori en torno a quién apretó el gatillo que se llevó a su marido. Patria es la historia de dos familias. La historia del País Vasco de los últimos 30 años. Una historia contada con frialdad y objetividad. Lo que la hace aún más estremecedora.

Seguro que a estas alturas les han llegado a ustedes las voces y los ecos de una novela como esta que, a pesar de su autor, es más que una novela. Fernando Aramburu abandonó al País Vasco para vivir en Alemania en 1985. Ahora regresa literariamente en un ejercicio de honestidad que salda cuentas con la memoria y el pasado.

Un mosaico, un puzzle, un tapiz tejido con recuerdos y silencios, con manipulación y violencia, con rabia contenida, con la ceguera de la ideología, con el miedo a la verdad.

Aramburu no ha ocultado las (sin)razones de los violentos, sus justificaciones, su perspectiva. No es un relato equidistante pero sí es poliédrico. Las amenazas, las dianas pintadas en los muros, el ETAmátalos, el ambiente opresivo de las tabernas, las manifestaciones… Pero también los abusos, las torturas, las noches oscuras en los cuartelillos, los desmanes de algunos contra todos.

Y en medio de todo esto la familia. Porque esta es una novela sobre la familia (también). Llena de oscuros secretos, de silencios, de temores, de reproches y resquemores, de acusaciones veladas, de celos, de dolor. Pero también la familia como la aceptación sin condiciones, como lugar inevitable donde el amor se atrinchera o se esconde.

Mención aparte merece el papel de la Iglesia durante los años del terror. La novela no condena, no generaliza, no pontifica. Pero muestra, enfoca, retrata. Y el silencio de los obispos ante la muerte, la tibieza, el alejamiento de las víctimas, el intento de salir incólumes de un proceso sucio, aterrador… abre heridas, las cauteriza con amargura y rencor y deja cicatrices imborrables. Y vemos una Iglesia (o unos curas como prefiere decir el autor) cómplice, humana, contaminada, perversamente encarnada. Causante de tanto olor con su frialdad, con su dureza, con su medianía, actor secundario en un escenario deshumanizado y terrible.

POR QUÉ leer La Casa de Paco Roca

In ¿POR QUÉ LEER...?, Estoy leyendo... on septiembre 22, 2016 at 1:30 pm

la-casa-paco-roca-astiberri-comic-1Como dice Fernando Marías en un epílogo que, a su pesar, es inevitable leer: “Paco Roca ha hecho un libro a partir de los sentimientos generados por la muertes de su padre. ¿Puede haber dieciocho palabras que llamen con más seducción a leer La Casa? Yo creo que no”.

Yo también lo creo y aun así comparto mis razones…

  • Porque la memoria es una cura contra el olvido pero también contra la vanidad. Porque somos hijos de nuestra historia, de nuestros padres, de sus sueños y sus frustraciones.
  • Porque nos enseña a mirar con los ojos y con el corazón. A fijarnos en lo sencillo, en lo cercano, a hacer nuevos los objetos, a llenarlos de vida y dejarnos interrogar por ellos. Porque la vida está hecha de recuerdos y de pequeños detalles escritos en los anillos de un viejo árbol arrancado.
  • Porque necesitamos mirar atrás con misericordia, con ternura, con admiración y respeto. Y entender el pasado (y sus protagonistas, nuestros padres), sus razones, su vida y extraer así la única lección que no se olvida: el amor que importa es aquel que se queda encerrado bajo la piel, más allá de los recuerdos.

La Casa de Paco Roca

In Estoy leyendo... on septiembre 22, 2016 at 1:27 pm

portada-la-casa-de-paco-rocaPaco Roca es un ilustrador valenciano que saltó a la “fama” con el Premio Nacional de Cómic en 2008 y el Goya al mejor guión en 2012 ambos por su “otra” novela gráfica: Arrugas. Una historia en torno al alzhéimer, la ternura, el cuidado y la despedida.

Con La Casa Paco Roca regresa al territorio de las emociones, de las cuentas pendientes, de la familia y el amor. “La historia nace en un momento muy importante para mí –cuenta-. Ese en el que me convertí en padre y me quedé sin padre casi a la vez”.

En los años 80 muchos españoles se dejaban la piel trabajando para “dar a sus hijos aquello que ellos no tuvieron”. Fue su manera de dar sentido a una vida llena de dificultades con raíces de hambre y tristeza. Formaron a su modo y manera una nueva clase media. La construcción de una segunda vivienda para pasar las vacaciones se convirtió en un símbolo de progreso, de éxito.

“Huele a humedad. Normal. La casa lleva cerrada un año”. Tras la muerte del padre, tres hermanos se dan cita en la casa familiar para “ponerla a punto” para su venta. Una última visita antes de dejar ir los recuerdos y cerrar el capítulo de una infancia en pantalón corto y camiseta. Vicente, José y Carla, el mayor, la pequeña y el escritor. Cada uno con sus vidas, cada uno con sus miedos, sus deudas del corazón, sus terrores, su memoria.

La casa es el recuerdo del padre. La casa es la memoria de una generación. El homenaje a esos padres y madres de familia que expresaban poco y amaban mucho.

La Casa es un libro de silencios. El viejo chalet construido a fuerza de retales y tiempo libre alberga la sombra de un padre orgulloso de sus hijos pero encerrado en sus cosas. Como tantos.

La primera página nos encoge el alma y nos ensancha el recuerdo. Un larguísimo plano secuencia en el que un anciano se despide de una casa que ha sido su refugio, su proyecto, su escondite. Un anciano que se abandona al cerrar la puerta, que baja los brazos y se marcha. El paso del tiempo se percibe en los colores de la novela, del sepia al rosa, los recuerdos se mezclan con los reproches, el pasado ilumina y renueva el presente.

Y luego unos dibujos que cuentan tanto. No basta con leer los textos. Hay que mirar, atentamente, detenerse en el detalle, dejarse llevar: entre ropa tendida, almendros florecidos, higueras secas, tocones y ladrillos. Asomarse a la historia desde dentro. Así nos sentimos. Sentados en una vieja silla en el terreno aquel, en el pueblo, en la casa de veraneo, en la promesa de un futuro mejor.

Los personajes nos producen la misma ternura que el padre guarda en su corazón. La ternura silenciosa de quien ama profundamente y ha hecho de su vida precisamente eso, un proyecto de amor.

POR QUÉ LEER “Instrumental” de James Rhodes

In ¿POR QUÉ LEER...?, Estoy leyendo... on septiembre 6, 2016 at 12:03 pm

instrumentalInstrumental es un texto duro, sin concesiones. Un texto que huye de la autocomplacencia y de la autocompasión. Un texto que mira a los ojos al victimismo y lo supera con honestidad y con saña. En él, James habla de sexo, de dolor, de relaciones personales, de fracaso, de amistades traicionadas, de locura, de egocentrismo, de sufrimiento, de rencor. El (aún demasiado) joven concertista repasa su vida mientras introduce grandes temas de la música clásica encontrando puntos en común, desvelando secretos, descubriendo las miserias en las que vivieron gran parte de los más importantes compositores de todos los tiempos. El dolor y la locura acompañan al poder sanador del arte y la belleza.

Instrumental es un libro (y una vida) que merece la pena leer…

  • Porque enfrenta al silencio cómplice, al recuerdo atormentado… con la fuerza de la música y la palabra liberadora.
  • Porque habla del valor de los amigos, los fieles, los callados, los discretos, los verdaderos amigos.
  • Porque revela el valor de la bondad. La de los cercanos y la de los desconocidos. El altruismo y la generosidad de quien es capaz de ver un diamante escondido en la basura.
  • Porque es la historia de la reconstrucción laboriosa y esforzada de la confianza.
  • Porque es el relato de la ternura violada y restaurada. El viaje desde la fragilidad de los sueños hasta la irrefrenable fuerza del vida.

Instrumental de James Rhodes

In Estoy leyendo... on septiembre 6, 2016 at 12:00 pm

Portada Instrumental RhodesEmpecé a leer Instrumental sin música. A partir del tema 5 descargué en mi móvil la lista de canciones que el propio autor había escogido. Y las palabras se iluminaron, se perfilaron, estallaron; los sentimientos se llenaron de matices, de sombras, de luces, de fuegos de artificio y claroscuros aterradores: el horror rebosó de ternura y la misericordia me recordó que siempre está ahí.

Memorias de música, medicina y locura. Así reza el subtítulo de esta obra tan inclasificable como su propio autor. Instrumental son las memorias (prematuras) de James Rhodes, un joven y exitoso concertista de piano que ha hecho de la difusión y la renovación de la música clásica su “obra más personal”. Pero Instrumental es también una lección de música clásica. A través de veinte temas desfilan por el libro anécdotas e historia, génesis y avatares de las más grandes obras de la música clásica de todos los tiempos: Bach, Prokófiev, Schubert, Beethoven, Ravel, Shostakóvich, Bruckner, Liszt, Brahms, Mozart, Chopin, Shumann, Rajmáninov interpretados por pianistas enormes, impresionantes: Zimerman, Glenn Cloud, Radu Lupu, Ohlsson… Y por último, Instrumental es también un relato del horror, un ajuste de cuentas, una terapia, un exorcismo. “Me violaron a los seis años, me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo (…) Pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida.”. Así lo resume el propio autor

La vida de James Rhodes es suficientemente intensa y oscura como para justificar un libro autobiográfico como este. El trauma de una infancia violada, una juventud exitosa en una constante huida de sí mismo y después, las drogas, la paranoia, la enfermedad mental: hospitales, locura, alcohol, sufrimiento, miedo… Y sin embargo este no es un libro oscuro. Tampoco una invitación al optimismo cándido. En este libro el (aún) joven pianista ha dibujado una luz en el horizonte, un tenue brillo de esperanza teñido del cuidado de los amigos, de la fe en el futuro, de la fuerza irrefrenable de la música.

Rhodes fue un hombre poseído, perdido, hundido, atrapado por su propia historia y en constante lucha con sus demonios. Como el endemoniado de Gerasa, como el ciego de nacimiento, como el paralítico de Besteda… cargaba con sus pecados (y los ajenos), con el rencor, con el miedo, con la angustia, andaba agitado, atormentado, mordido por el horror, por la oscuridad. Esta es la historia de su curación. A través de la música, a contracorriente, a contratiempo.

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