Pepe Trivez

invitación a la lectura

In LIJ, REFLEXIÓN LIJ on febrero 26, 2015 at 2:52 pm

imgresLa terminología es siempre un caballo de batalla, una piedra de toque o simplemente hojarasca que, en ocaciones, oculta lo verdaderamente importante en cualquier disciplina. Sin embargo, la terminología es capaz también por sí misma de transformar la realidad a la que alude (o elude).

Humildemente y sin pretensiones (si no la conocen me encanta esta editorial www.edicionessinpretensiones.com), más por ordenar mis ideas que por abrir un debate (las más de las veces estéril) trataré de poner negro sobre blanco algunas reflexiones en torno a un tema que me apasiona: LA LECTURA.

En los años 80 empezaron, como pioneros y heroicamente las más de las veces, los primeros programas de ANIMACIÓN A LA LECTURA. Campañas institucionales, programas desde las recién nacidas (o refundadas) bibliotecas públicas y escolares, actividades de sensibilización y montones de emociones empeñadas en devolver a este país la pasión por la lectura, por la cultura, por lo artístico. Los programas de ANIMACIÓN a la lectura pusieron el acento en el aspecto social y en la recuperación de una imagen de “prestigio” para la cultura española (legendaria esta imagen de La Bola de Cristal). Tal vez en algún momento pecaron de eso: demasiado márketin, demasiada imagen, demasiada difusión… Era el momento. Aún así es importante reconocer que casi todo lo que hoy hemos conseguido en el fomento de la lectura y el crecimiento de nuestra cultura está en deuda con aquel movimiento de “animación” lectora.

Cuenta cuentos, expertos en LIJ (el mismo concepto de LIJ), mediadores, teatro para niños, narraciones, escritores, ilustradores… crecieron creando una constelación que rebasaba el “ambiente literario” del siglo XX (gris y algo triste en nuestra larga posguerra intelectual). Pero también empezaba a fraguarse (o perpetuarse) cierta imagen “infantilizada” (por inmadura, por incompleta, por “menor de edad”) de la literatura infantil y juvenil. Una imagen que ha hecho mucho daño al “género” desde dentro y fuera de él: En ocasiones se ha aceptado como “válida” literatura para niños que no alcanzaría unos estándares de calidad mínimos en la literatura adulta (editores, autores, libreros, bibliotecarios y profesores hemos sido cómplices); por otro lado la LIJ ha tenido que sufrir el desprecio y la vanidad (desde el desconocimiento más altanero) de críticos, autores e incluso profesores y mediadores de lectura.

Durante esta época se asentaron dos ideas primordiales que siguen hoy vigentes: la importancia de la lectura y el papel fundamental de la etapa de la infancia en su “descubrimiento” (la UNESCO comenzó a proponer planes de animación de la lectura entre los niños a finales de los 70).

El término PROMOCIÓN empezó a utilizarse algunos años después y, finalmente, ha quedado circunscrito a las campañas y políticas “lectoras” impulsadas desde gobiernos e instituciones. El foco social, la dimensión ciudadana y la lectura entendida como herramienta parecen ser los elementos constitutivos de este “otro” término.
Entrados ya en el siglo XXI los expertos (ya erigidos como nuevos críticos, forjadores de cánones, mediadores de lectura, prescriptores de obras apropiadas…) empezaron a plantear la dicotomía animación/fomento de la lectura. Sin entrar en el análisis histórico ni ideológico de la oposición (falsa oposición para “otros” expertos) sí señalaré que cualquiera que se acercara a estas reflexiones pudo observar el salto hacia un concepto más complejo, más sistemático (y sistémico), más integrado en los planes educativos y en las programaciones de las bibliotecas. El fomento de la lectura vino a ser así, el hermano mayor de la “animación”,su desarrollo y “formalización”.

Complejos planes, objetivos, indicadores, criterios de evaluación… Decretos educativos que “obligaban” a establecer las actividades de animación lectora en las programaciones didácticas, el Plan Lector en el Proyecto Educativo. Todo esto está muy bien…

Sin embargo, mi experiencia al frente de una BBLTK escolar durante los últimos dos cursos, mi pasión por la literatura y el trabajo de mucha gente a mi alrededor me han llevado a la conclusión de que si algo hay que hacer es INVITAR. Invitar, proponer, mostrar, ofrecer… Son verbos que se ajustan mal en la lista de objetivos (no digo nada en los criterios o “estándares” de evaluación) y en las programaciones. Pero son verbos llenos de carne.
Hay mucha “gente” haciendo INVITACIÓN a la lectura… Mis preferidos son estos: http://jaumecentelles.cat/,

http://www.begonaoro.es/,

http://trasteandoconlasideas.blogspot.com.es/,

http://librerialibros10.es/

**son muchos más pero empiecen por ahí… 🙂

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