Pepe Trivez

Instrumental de James Rhodes

In Estoy leyendo... on septiembre 6, 2016 at 12:00 pm

Portada Instrumental RhodesEmpecé a leer Instrumental sin música. A partir del tema 5 descargué en mi móvil la lista de canciones que el propio autor había escogido. Y las palabras se iluminaron, se perfilaron, estallaron; los sentimientos se llenaron de matices, de sombras, de luces, de fuegos de artificio y claroscuros aterradores: el horror rebosó de ternura y la misericordia me recordó que siempre está ahí.

Memorias de música, medicina y locura. Así reza el subtítulo de esta obra tan inclasificable como su propio autor. Instrumental son las memorias (prematuras) de James Rhodes, un joven y exitoso concertista de piano que ha hecho de la difusión y la renovación de la música clásica su “obra más personal”. Pero Instrumental es también una lección de música clásica. A través de veinte temas desfilan por el libro anécdotas e historia, génesis y avatares de las más grandes obras de la música clásica de todos los tiempos: Bach, Prokófiev, Schubert, Beethoven, Ravel, Shostakóvich, Bruckner, Liszt, Brahms, Mozart, Chopin, Shumann, Rajmáninov interpretados por pianistas enormes, impresionantes: Zimerman, Glenn Cloud, Radu Lupu, Ohlsson… Y por último, Instrumental es también un relato del horror, un ajuste de cuentas, una terapia, un exorcismo. “Me violaron a los seis años, me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo (…) Pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida.”. Así lo resume el propio autor

La vida de James Rhodes es suficientemente intensa y oscura como para justificar un libro autobiográfico como este. El trauma de una infancia violada, una juventud exitosa en una constante huida de sí mismo y después, las drogas, la paranoia, la enfermedad mental: hospitales, locura, alcohol, sufrimiento, miedo… Y sin embargo este no es un libro oscuro. Tampoco una invitación al optimismo cándido. En este libro el (aún) joven pianista ha dibujado una luz en el horizonte, un tenue brillo de esperanza teñido del cuidado de los amigos, de la fe en el futuro, de la fuerza irrefrenable de la música.

Rhodes fue un hombre poseído, perdido, hundido, atrapado por su propia historia y en constante lucha con sus demonios. Como el endemoniado de Gerasa, como el ciego de nacimiento, como el paralítico de Besteda… cargaba con sus pecados (y los ajenos), con el rencor, con el miedo, con la angustia, andaba agitado, atormentado, mordido por el horror, por la oscuridad. Esta es la historia de su curación. A través de la música, a contracorriente, a contratiempo.

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