La última novela de David Lozano no es una novela. Son muchas novelas. Bajo la apariencia de novela “de ambientación histórica” y de aventuras… se esconde un relato inspirado en los modelos clásicos del género.
Un joven noble regresa a su casa en Aragón y encuentra a su padre preso bajo falsas acusaciones de la Inquisición. La institución más poderosa de la Edad Media se presenta como un muro infranqueable que bloquea su destino y su futuro. Ayudado por un grupo de nobles guiados por un alto sentido de la justicia el joven emprenderá una peligrosa aventura infiltrado entre los “familiares de la Inquisición” con el único objeto de recuperar su futuro y enfrentar su destino. En el camino, la verdad, la justicia, el amor, la amistad, la lealtad… adquirirán su verdadera dimensión.
Herejía es una novela de iniciación. Un joven regresa a sus raíces, a su tierra, a su familia, a su vida… Y lo encuentra todo patas arriba… La injusticia y la amenaza que se cierne sobre su padre le lanzan a una doble vida en la que descubrirá el amor, la violencia, la duda, la honestidad y la traición. Un despertar a la madurez envuelto en aventuras y lances. La pasión propia de la adolescencia enfrentada a un mundo lleno de crueldad y miserias.
Herejía es una novela bizantina. En el sentido más clásico del término. Una novela de aventuras, sucesos, encuentros, desencuentros, desafíos, disfraces, reconocimientos… Una historia que llevará a sus protagonistas a través de un viaje (más interior que físico en este caso) que pondrá a prueba sus cualidades y valores. La doble vida que se verá obligado a vivir el joven noble producirá un juego de espejos donde la villanía y el valor, la envidia y la generosidad, la crueldad y la misericordia se confunden y se cruzan en un tejido complejo y elaborado.
Herejía es una novela clásica. David recupera de forma apasionada el gusto por la “narración”. En sí misma. El gusto por el relato, por la estructura cuidada, por las acciones paralelas y las historias “in media res”… destacan el oficio del autor como narrador, como urdidor de historias. Los personajes, la ambientación, los valores y el trasfondo moral… quedan mediatizados por la historia, absorbidos por ella, envueltos, escondidos.
Herejía es (también) una novela romántica. De un amor adolescente. Del descubrimiento del amor en medio de la tragedia y el horror. Un testimonio (muy juvenil en el mejor sentido del término) de cómo la vida se impone hasta en las circunstancias más adversas. El amor cortés, poblado de versos y cuajado de formas, rituales, encuentros furtivos… es “otro” protagonista involuntario de la historia de Ginés. En mitad de un plan tejido con frialdad y astucia el corazón desbocado de un joven está a punto de echarlo todo a perder arrastrado por una pasión ciega, primer amor.
Dilema moral, documento histórico, novela juvenil, aventura, intriga, violencia, valores, amistad… de fondo el problema de la tolerancia religiosa y las ambiciones que han pervertido a las instituciones desde el principio de los tiempos. Herejía es pues una novela… que encierra muchas novelas…
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