Pepe Trivez

Evaluación en 1001 palabras

In a mano alzada, de escuela, opiniones on abril 30, 2015 at 2:03 pm

qk0d6GgNi rúbricas, ni estándares, ni criterios de evaluación. Ni algoritmos que conviertan valoraciones en calificaciones. Ni infinitos test nuncaavecesamenudosiempre. La evaluación debería (debe) ser otra cosa. La evaluación en educación debe ser ANÁLISIS, REFLEXIÓN, CONTRASTE, JUICIO Y VALORACIÓN. Si pudiera (si tuviera tiempo y el sistema no se pusiera de uñas cada vez que tratas de subvertir el orden de las cosas), si pudiera digo… entrevistaría a cada alumno durante horas acerca de lo aprendido, lo que ha quedado confuso, lo que ha sido transformado, lo que enriquece, lo que limita, lo que le ha abierto puertas o cerrado ventanas. Si pudiera mi evaluación sería una entrevista. O una carta.

Durante este curso he tenido la suerte de ser “tutor de prácticas” de una alumna del Máster de Educación de la Universidad de Zaragoza. No sólo. He tenido el privilegio de compartir su Proyecto Fin de Máster, su trabajo y, sobre todo, su pasión incondicional por la lectura. La he acompañado en la construcción de un proyecto acerca de “constelaciones lectoras” del que -no lo dudéis- tendréis noticias. Hemos acompañado a 30 adolescentes de 4º de ESO -sí, de esos que no escuchan, sí de esos que no callan, sí de esos que NO LEEN- en un mes -y lo que nos queda- de lectura en la BBLTK. Todavía estoy emocionado por los resultados.

Aunque entregaré el Cuestionario de Evaluación a mis compañeros de la Universidad y por supuesto he mantenido reuniones tras cada sesión con ella para comentar lo que he observado, hacerle apreciaciones y valorar los aspectos de su práctica docente… no me resisto a escribir mi evaluación. Y a hacerla pública… por si puede servir para transformar (aunque sea un poquito, aunque sea un espejismo) el paradigma de la evaluación educativa.

S. estudió Humanidades. Le atraían muchas cosas y acabó optando por (casi) todas. Después tuvo que ir “definiendo” y “definiéndose” y acabó haciendo un Máster en Bibliotecas Escolares. Trabajó en más de un cole e institutos. Atendió la biblioteca y vigiló el comedor, apoyó la “jugada” de los profesores y soñó con “otras bibliotecas”. Al final, decidió estudiar el Máster en Educación y prepararse para “serprofe” (al final vamos cumpliendo años y no parece que el puesto de bibliotecario escolar vaya a ser una salida laboral estable, o tal vez sí). S. eligió para hacer las prácticas el mismo centro en el que trabajaba desde la Biblioteca escolar. El mismo centro desde el que yo trato de aportar mi granito de arena a la educación. Y S. decidió hacer las prácticas -y el Máster y su trabajo- desde aquello que más le apasiona, más conoce y más importante le parece implementar en nuestro sistema educativo. S. decidió hacer las prácticas con un proyecto de Fomento de (Invitación a) la Lectura. S. es ya profe. S. es (y será) una profe con alma de bibliotecaria.

Pero vamos a la evaluación.

S. acaba de pasar un cuestionario a los alumnos con los que ha compartido más de 20 horas de clase. La han felicitado, han destacado su preparación, su conocimiento, su pasión, su capacidad para motivarlos ante una actividad (la lectura) que a priori no les parecía atrayente. También le han señalado las flaquezas (los adolescentes, si les dejamos, son sinceros y mucho). El orden en clase, la disciplina. Siempre salen en los profesores noveles. Y muchas veces se hacen análisis superficiales y -a mi juicio- erróneos. S. explica los conceptos con una claridad impropia de alguien sin experiencia. S. planifica y da instrucciones para el proceso de enseñanza-aprendizaje ordenados, comprensibles y motivadoras (la pasión por el orden tiene mucho que ver con las bibliotecas). Los alumnos han sabido en todo momento a qué atenerse. El objetivo (y el proceso) siempre ha estado claro y presente. Pero además… S. ha sido capaz de “estar al quite”, de adaptarse y adaptar las dinámicas, las propuestas, los procesos a los cambios que el grupo-clase en general y cada alumno en particular han ido experimentando. Ni un solo alumno sin leer. Ni un solo alumno sin lectura. Ni un solo alumno sin encontrar un texto que le permitiera pasar una hora de clase… en la tan poco “académica” actividad de “leer por placer.

S. es ya una profe. S. no ha terminado aún el Máster pero ya es profesora porque ha soñado, programado, ejecutado y evaluado un proceso de enseñanza-aprendizaje. No sólo eso. Lo ha hecho sin red. Ni las unidades didácticas preparadas por las editoriales, ni los manuales de didáctica, ni la engorrosa terminología legislativo-educativa le han servido de modelo o de escudo. Cada actividad pensada desde cero. Cada lectura elegida tras un análisis riguroso del texto y del lector. Cada propuesta llevada a cabo juzgada luego con severidad y rigor, corregida, ampliada, aumentada.

S. ya es profe porque ha establecido una relación personal con sus alumnos. No un chantaje. No manipulación. No intercambio o mercadeo de emociones. Una relación personal con el conocimiento y el crecimiento personal como punto de encuentro. Y la lectura como instrumento, claro.

S. es profe porque además -y en esto es una rara avis- ha acompañado su trabajo de una autocrítica (despiadada a veces pero constructiva y humilde siempre) sin trampas y de una reflexión más profunda. S. ha pensado, discutido, preguntado, investigado sobre conceptos más amplios que la adquisición de conocimientos. Cómo atendemos a la diversidad, cómo respetamos el proceso individual de un alumno al mismo tiempo que le hacemos partícipe de una actividad comunitaria. Cómo integramos los contenidos “curriculares” en un proceso de enseñanza-aprendizaje centrado en los intereses de los alumnos. Cómo definimos (lo hacemos nosotros no las autoridades educativas) los contenidos “curriculares”… Todo esto ha rondado el proyecto y el trabajo de S. estas siete semanas de clase. Juntos (tutor y alumna; alumnos y profes) hemos tratado de encontrar alguna respuesta. Al final nos llevamos más dudas que certezas.

Y al final una calificación: Destaca, Sobresaliente, 10. O mucho mejor: Apasionada, Reflexiva, Comprometida.

Gracias S. ha sido un placer. (seguimos siempre en la brecha).

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