Regalos, fiestas, amigos, juegos, trasnochadas y siestas sin límite, comida rica y muchas muchas risas… Después de las navidades, los papanoeles y los reyes… seguro que a muchos nos aterra la idea de “volver a la normalidad”. Pero lo intentaremos. No somos muy de reglas en casa. Ni somos muy amigos en este rincón de los libros para niños que “aprovechan” para enseñar, dar consejos… Ya sabéis… “demasiado” educativos…
Sin embargo este libro es una delicia. En fondo y forma. En cualquier casa, en cualquier hogar con niños hacen falta normas, límites… Y mucho, mucho sentido común. De eso está cargado este álbum. No son reglas difíciles de presentar, aceptar o cumplir. De hecho son reglas que tal vez nos saltemos todos una o cien veces a la semana. Pero son esos límites que todos conocemos y que sabemos que ayudan a los más pequeños a ser más felices y los más mayores a estar “algo más tranquilos”…
Un libro que hay que leer (y exponer, y explicar, y mirar y re-mirar)…
- Porque nos recuerda que, aunque no nos guste mucho, en esta casa hay reglas. Pero lo hace sin ansia, sin angustia, sin el ceño fruncido ni los gritos esparcidos por toda la casa.
- Porque a cada norma “sesudamente” escrita, imperativamente redactada, le acompaña una ilustración desternillante, provocadora, y muy muy esclarecedora. A cada regla, una imagen de un niño o niña incumpliéndola maravillosamente. Como la vida misma. Porque como en la vida, los límites nunca pueden atrapar el humor.
- Porque son tan cotidianas, tan de andar por casa, tan… normales, que estas reglas se establecen y se incumplen en todas partes. Porque nos sentiremos reflejados (papás, mámas, niños y niñas), nos sonrojaremos y nos aguantaremos la risa mientras tratamos de parecer tipos muy serios. Porque leer este libro es como aguantarse las cosquillas.
- Porque educar es algo muy serio y por eso no hay mejor manera de hacerlo que con sentido del humor.
Publicado en Heraldo Escolar 11/01/2017
Que hermosa reseña! Lo voy a buscar 😉
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